Tomelloso volvió a respirar ciclismo del bueno el pasado domingo 24 de mayo con la celebración de la X Marcha Cicloturista La Cerezo G.P. ANRO 2026, una cita que ya no se entiende solo por sus kilómetros, sino por todo lo que representa: deporte, memoria, territorio, convivencia y orgullo de ciudad. La prueba, organizada por el CC Sport Tomelloso, llegaba a su décima edición consolidada como una de las grandes marchas cicloturistas de Castilla-La Mancha, con salida desde la Ciudad Deportiva y una participación cercana a los 300 ciclistas.
La jornada comenzó mucho antes de que el pelotón echara a rodar. Desde primera hora, los ciclistas fueron llegando al entorno del Velódromo de Tomelloso, donde la organización había fijado la recogida de dorsales el sábado de 19:00 a 20:00 horas y el domingo de 07:00 a 08:00 horas. Allí se vivió ese ritual tan reconocible del ciclismo popular: dorsal, bolsa del corredor, maillot, últimos ajustes en la bicicleta, saludos entre clubes y las primeras fotografías en el photocall. Todo con esa mezcla de nervios, ilusión y respeto que precede a una marcha de 155 kilómetros.
La décima edición llevó con orgullo la denominación La Cerezo G.P. ANRO 2026, un respaldo que ayudó a dar mayor empaque a una prueba ya asentada en el calendario regional. El apoyo de Grupo ANRO fue reconocido por el presidente del CC Sport Tomelloso, Miguel Ángel Sevilla Lara en la presentación de la prueba ante los medios dias atrás, junto al de los patrocinadores y colaboradores que hicieron posible una jornada de tanto nivel deportivo y organizativo.
Un corte de cinta con aroma de gran cita
La salida tuvo la solemnidad de las pruebas importantes. La imagen del corte de cinta, recogida como acto oficial de la X Marcha Cicloturista La Cerezo, resumió bien el peso que ha adquirido esta cita para Tomelloso y para el ciclismo regional. Junto al pelotón estuvo el respaldo institucional y deportivo de una prueba que ya no camina sola: la presentación oficial había contado con el alcalde de Tomelloso, Javier Navarro; el concejal de Deportes, Benjamín de Sebastián; el presidente del CC Sport Tomelloso, Miguel Ángel Sevilla Lara; y el exciclista y referente local Paco Cerezo. Además, durante la jornada participó el director general de Juventud y Deportes de Castilla-La Mancha, Carlos Yuste, cuya presencia reforzó el carácter regional de la marcha.
Ese corte de cinta fue algo más que un gesto protocolario. Fue la fotografía de una ciudad volcada, de un club que ha sabido crecer y de una marcha que honra la figura de Paco Cerezo, un nombre imprescindible para entender la relación de Tomelloso con la bicicleta. Antes de la salida, el ambiente fue de ilusión, pero también de prudencia. En una marcha con tantos participantes, tantos cruces y tantos kilómetros por delante, la emoción siempre debe ir de la mano de la seguridad.
El CC Sport Tomelloso, el verdadero motor de La Cerezo
La Cerezo volvió a demostrar que detrás de una gran marcha hay muchas horas que no se ven. El CC Sport Tomelloso, con Miguel Ángel Sevilla Lara al frente y con toda su junta directiva, volvió a firmar una organización seria, cercana y profundamente ciclista. No se trató solo de poner una salida y una meta. Se trató de coordinar recorridos, permisos, seguridad, voluntarios, avituallamientos, señalización, vehículos de apoyo y atención constante al participante.
La ruta corta, modificada tras el comunicado del viernes 22 de mayo
La décima edición también tuvo que superar un contratiempo importante antes de la salida. El viernes 22 de mayo, apenas 48 horas antes de la prueba, el CC Sport Tomelloso comunicó en sus redes sociales que la Dirección General de Tráfico solo autorizaba la realización de “un único recorrido libre”. El motivo señalado fue la falta de efectivos para garantizar la seguridad vial si se mantenían las dos rutas rodando a la vez.
La organización había preparado inicialmente dos opciones: un Gran Fondo de 155 kilómetros y un Medio Fondo de 110 kilómetros, tal y como se había anunciado en la presentación y en la información previa de la prueba. Sin embargo, tras la comunicación de la DGT, el recorrido corto no pudo disputarse con normalidad. El club anunció la suspensión de las clasificaciones generales en meta del recorrido corto, manteniendo las clasificaciones por categorías en la llegada a El Bonillo, y ofreció a los inscritos en la corta la posibilidad de pasar al recorrido largo sin coste adicional.
Para quienes decidieron mantenerse en la distancia corta, la organización estableció una neutralización obligatoria en el avituallamiento de Ossa de Montiel. Allí, los ciclistas debían esperar el paso de la cabeza de carrera del recorrido largo antes de volver a ponerse en marcha con autorización del club. Fue una decisión incómoda, pero necesaria. En carretera, la seguridad manda por encima del cronómetro, del dorsal y de cualquier clasificación.
Ahí volvió a verse la altura organizativa del CC Sport Tomelloso. Un club grande no es el que no tiene problemas, sino el que sabe afrontarlos con transparencia, rapidez y responsabilidad. La Cerezo salió adelante porque había una junta directiva preparada, un presidente pendiente de cada detalle y una estructura capaz de reaccionar sin perder el norte: proteger al ciclista.
155 kilómetros para entender La Mancha desde la bicicleta
El recorrido largo de 155 kilómetros llevó al pelotón desde Tomelloso hacia Sotuélamos, El Bonillo y Ossa de Montiel, para regresar después a la ciudad por carreteras donde la llanura nunca es tan sencilla como parece. El trazado previsto transitaba por esos enclaves y regresaba hacia Tomelloso por vías como la N-430, la CM-313, la CM-3123 y la AB-703/CR-1225, dibujando una ruta muy manchega, de esas que castigan más por acumulación que por grandes puertos.
La Cerezo engaña al que solo mira el mapa. Aquí no hay un coloso alpino que intimide desde la salida, pero sí hay una dureza más silenciosa y más traicionera: falsos llanos que se agarran, repechos que obligan a cambiar el paso, viento lateral que rompe la comodidad del grupo y bajadas rápidas donde conviene tener buena mano. En este terreno, el ciclista que no come a tiempo, que no se guarda del aire o que se coloca mal en los momentos clave acaba pagando.
La frase del club lo resume mejor que cualquier perfil altimétrico: “En La Mancha no se sube: se resiste”. Y eso fue exactamente La Cerezo. Una prueba de resistencia, cabeza fría y oficio. Una marcha donde no siempre gana el que más ataca, sino el que mejor lee la carretera, el viento y sus propias fuerzas.
Avituallamientos colocados con cabeza
La organización cuidó especialmente la atención al participante. Según la información previa del club y de la prueba, el recorrido contemplaba un avituallamiento en El Bonillo, alrededor del kilómetro 57, y otros puntos de atención en Ossa de Montiel, en el entorno del colegio Enriqueta Sánchez, situados aproximadamente en los kilómetros 80 y 123.
En una marcha de 155 kilómetros, esos avituallamientos no son un simple trámite. El de El Bonillo llegó en un momento ideal para reponer líquido, sales y alimento sólido antes de afrontar la parte más exigente mentalmente. Los de Ossa de Montiel fueron decisivos para gestionar la segunda mitad, cuando el cansancio ya no avisa, sino que se instala. Además, tras la modificación de la ruta corta, Ossa de Montiel se convirtió también en punto clave para la neutralización obligatoria de los ciclistas que mantuvieron esa opción.
Carlos Yuste y el valor turístico del cicloturismo
La presencia de Carlos Yuste, director general de Juventud y Deportes de Castilla-La Mancha, dejó también una lectura más amplia de la prueba. Yuste destacó que este tipo de eventos “generan actividad económica, llenan hoteles, restaurantes y comercios”, además de ayudar a dinamizar el territorio desde un modelo vinculado al deporte, la salud, el turismo activo y la experiencia.
El director general felicitó al Club Ciclista Sport Tomelloso, a los voluntarios, patrocinadores y a Paco Cerezo por hacer posible una nueva edición de una prueba consolidada como referencia del cicloturismo regional. Su presencia sobre la bicicleta y en el ambiente de salida reforzó la idea de que La Cerezo ya no es solo una marcha local: es una cita con impacto deportivo, turístico y económico para toda la comarca.
Paco Cerezo, el alma de una marcha con memoria
La Cerezo volvió a honrar la figura de Paco Cerezo, el ciclista que da nombre y alma a la prueba. No se trata únicamente de recordar a un referente local, sino de mantener vivo un legado. Cerezo representa esa bicicleta noble, dura y auténtica, la de los kilómetros hechos sin ruido, con sacrificio y con oficio.
Por eso esta marcha tiene algo especial. No se limita a reunir ciclistas. También reúne memoria, gratitud y sentido de pertenencia. Cada edición recuerda que Tomelloso tuvo, tiene y seguirá teniendo una relación profunda con el ciclismo. Y en esta décima edición, con una participación de récord y una organización consolidada, ese vínculo volvió a verse en cada pedalada.
Emilio Sánchez Murillo-rico impone su ley en la general
En lo deportivo, Emilio Sánchez Murillo-rico, del CDE Electro Almodóvar Sport, fue el más rápido en la clasificación general de los 155 kilómetros, con un tiempo oficial de 4:08 y una media de 37,46 km/h. Entró con el mismo tiempo que Esteban Mira, segundo clasificado, y Marcos Jurado Rodríguez, tercero y vencedor en Máster 30 masculino. Fue una llegada de mucho nivel, resuelta a una velocidad notable para un recorrido largo, ventoso y de desgaste.
Ana Belén García gana en mujeres y Laura Gallego sube al podio por partida doble
En categoría femenina, Ana Belén García Antequera, del CDE Electro Almodóvar Sport, fue la mejor mujer de La Cerezo con un tiempo oficial de 4:38:51. Su actuación confirmó su experiencia y su fortaleza en una prueba de fondo donde había que saber rodar, guardar fuerzas y no perder la concentración en los tramos de viento y repecho.
La gran protagonista local fue también Laura Gallego Novillo, que completó una carrera sobresaliente con 4:39. Su resultado tuvo doble valor: fue segunda clasificada absoluta femenina y, además, ganadora de Máster 30 femenino. Dicho de otra manera, Laura Gallego subió al podio por partida doble, como una de las grandes mujeres de la jornada y como vencedora de su categoría. La tercera mujer absoluta fue Silvia Gómez Pozo, del PAFGIO-Cycling Club, con 5:11.
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Una edición para guardar
La X Marcha Cicloturista La Cerezo G.P. ANRO dejó una imagen poderosa: un pelotón numeroso, una ciudad pendiente de su prueba, un club volcado y una organización capaz de responder incluso cuando la carretera obligó a cambiar los planes. La Cerezo tuvo nivel deportivo, ambiente popular, emoción local y ese punto de dureza que convierte una marcha en recuerdo.
El mérito fue de los ciclistas, claro. Pero también de quienes hicieron posible que todo funcionara: el CC Sport Tomelloso, su presidente Miguel Ángel Sevilla Lara, su junta directiva, los voluntarios, los patrocinadores, los cuerpos de seguridad, las instituciones y todos los que entendieron que La Cerezo ya es mucho más que una marcha.
Es una forma de enseñar Tomelloso. Una forma de honrar a Paco Cerezo. Una forma de recordar que el ciclismo, cuando se organiza con cariño y seriedad, deja huella.
La Mancha no se sube. Se resiste. Y este domingo, en Tomelloso, también se disfrutó.
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