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Un futuro con más derechos para Castilla–La Mancha

Artículo de opinión de Javier Ortega con motivo del Día de Castilla-La Mancha

Como cada 31 de mayo, Día de Castilla-La Mancha, nos miramos al espejo y verbalizamos los hitos conseguidos, las metas por alcanzar y, sobretodo, cómo nos sentimos junto a nuestros paisanos y paisanas en el contexto que nos ha tocado vivir.  Sobre él planea la inestabilidad internacional, el impacto humanitario y económico de las guerras y, en el terreno doméstico, la polarización y judicialización política que a menudo desvían el foco de lo que verdaderamente importa y necesita la ciudadanía.

Castilla-La Mancha asiste, al igual que el resto del territorio nacional, a una emergencia habitacional sin precedentes. El incremento del precio de la vivienda, la escasez de oferta pública, y la especulación que ha convertido a este derecho básico en un activo financiero provocan el empobrecimiento y frustración de la clase trabajadora.  Necesitamos dar respuestas valientes, con inversión pública, y no dejar a nadie a merced de los “juegos del hambre” en los que se ha convertido la búsqueda de vivienda.

Techo, salario y tiempo es lo que necesita una región como la nuestra que, pese a los avances, figura todavía en los últimos puestos por nivel de renta. Es imperativo seguir reduciendo la pobreza y alcanzar mejores cotas de bienestar y dignidad. Y ahí tiene un papel primordial la negociación colectiva que debe equiparar nuestras condiciones laborales y salariales a las de las comunidades más prósperas.  

La nuestra fue décadas atrás tierra de emigrantes que dejaban sus pueblos rumbo a ciudades más industrializadas donde prosperar. Hoy debe llenarnos de orgullo ser lugar de acogida de las personas migrantes que buscan poner fin al ostracismo gracias al proceso de regularización con el que podrán contribuir, como cualquiera, al mantenimiento de nuestros servicios públicos y sectores productivos.

Tenemos la capacidad de gestionar y decidir qué necesitamos como región y dónde queremos llegar. El desarrollo competencial y el autogobierno es el que vertebró y modernizó la comunidad que hoy formamos. No hay nada que haga más región que la satisfacción de quienes la habitan. Y eso depende en un alto grado de la calidad de los servicios públicos que sostienen nuestra vida. Invertir en ellos debe ser una prioridad. Así lo ponemos de manifiesto en el ámbito de la concertación y el diálogo social que, de forma leal, compartimos con la administración.

Por eso no es una buena noticia que Castilla La Mancha siga sin nuevo Estatuto un año después de aprobarse en el Parlamento regional. Un proyecto, que blinda esos servicios públicos,  que llegó al Congreso de los Diputados con el consenso de PSOE y PP, el aval de los agentes sociales, CCOO, UGT y CECAM, y del resto de colectivos más representativos de la sociedad civil. La enmienda presentada por el PP para que no se modifique la horquilla de diputados y diputadas dinamitó el acuerdo inicial y la negociación para sacarlo adelante parece ahora estancada. Esta comunidad necesita adecuar cuanto antes su norma básica a los retos y desafíos de un mundo cambiante que, especialmente en este día de celebración, nos interpelan.  

Asegurar nuestro desarrollo futuro depende en gran medida de las infraestructuras que vertebran el territorio. No podemos conformarnos con ser el área perimetral de Madrid y nutrirnos tangencialmente de su proyección económica. Queremos ser un punto estratégico entre los distintos corredores y que las oportunidades no pasen de largo sino que se generen aquí. 

Falta un año para las elecciones autonómicas y es bueno plantearse si vamos a seguir la senda del progreso, la cohesión social y el reparto justo de la riqueza o, por el contrario, nos espera una Consejería de Desregulación o la imposición de políticas basadas en el clasismo y el racismo como, por desgracia, estamos viendo en otras comunidades. Esa decisión se construye en democracia con la voluntad de la gente y debemos tener claro que solo desde la autonomía podemos gestionar nuestras competencias impulsando medidas progresistas que nos permitan vivir mejor. 

Por esa razón la derecha que aspira a gobernar tiene que entender que es un error asumir como propia la dialéctica más ultra que no cree en la autonomía política y quiere volver al centralismo que jamás nos incluyó en el reparto. Es la herencia del caciquismo más rancio que nos relegó y nos hizo partir desde más atrás a la hora de modernizar nuestras estructuras y avanzar en conocimiento.

Y es que no hay arma más poderosa para cambiar el mundo que la educación. Este curso académico la UCLM celebra su 40 aniversario. Un hito que demuestra que nuestro modelo funciona, el del arraigo al territorio, que ve crecer la semilla del talento propio, acoge el ajeno, y devuelve a la sociedad progreso social. Es inspirador ver que cada año hay más alumnos y alumnas que eligen su tierra para formarse. Formación que comienza en las etapas más tempranas, la de 0 a 3 años, y que estos días visibiliza su orgullo y dignidad.

Castilla – La Mancha es un proyecto colectivo, inclusivo, desde la infancia a la vejez, en el que todos y todas debemos sentirnos cuidados y representados. El orgullo de pertenencia no atiende a las cifras macroeconómicas ni al ruido político. Por eso Comisiones Obreras invita a celebrar lo que somos y a fortalecer esa red que nos hace iguales y garantiza nuestros derechos en los que no vamos a dar ni un paso atrás.

Javier Ortega Cifuentes

Secretario General de Comisiones Obreras Castilla-La Mancha

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