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Tomelloso llegó a tener siete cuevas por cada 100 habitantes en pleno auge vinícola

La excavación de bodegas subterráneas se multiplicó desde la década de 1840 y se convirtió en símbolo del esfuerzo, la voluntad y el tesón de sus agricultores.

Resulta especialmente sorprendente una etapa de la historia de Tomelloso en la que se produjo una auténtica revolución bajo tierra: la excavación de cuevas destinadas a la elaboración y conservación del vino.

La proliferación de estas construcciones subterráneas fue extraordinaria a partir de los años 1840 y 1845. En su momento de mayor apogeo, Tomelloso llegó a contar con alrededor de siete cuevas por cada cien habitantes, una cifra que refleja la enorme importancia que alcanzó la actividad vitivinícola en la localidad.

El atrevimiento y la capacidad de los agricultores para excavar estas cuevas partían de un conocimiento previo del terreno. La construcción de pozos para el abastecimiento de agua en los hogares y de pequeños sótanos destinados al almacenamiento de productos había permitido conocer las características del suelo que posteriormente tendrían que perforar.

Los excavadores se encontraban, en primer lugar, con una capa de gran dureza formada por láminas de piedra caliza, conocida popularmente como tosca. Estaba compuesta por bloques disgregados, de escaso grosor, pero muy consistentes y homogéneos, con una dureza similar a la del hormigón.

Esta capa no tenía el mismo espesor en todas las zonas de la población, aunque podía alcanzar entre cuatro y cinco metros de profundidad. Una vez superada, aparecían terrenos más blandos, compuestos por masas de arenisca mucho más fáciles de trabajar.

En algunas zonas de Tomelloso, especialmente en aquellas donde la tosca tenía un menor espesor, estas capas arenosas también eran aprovechadas para extraer material destinado a la construcción.

La necesidad de levantar cuevas estaba relacionada con los problemas que afrontaban los agricultores durante la vendimia. En los primeros años, antes de que existieran compradores de uva en Tomelloso, las cosechas tenían que trasladarse hasta Socuéllamos para su venta, con las dificultades y costes que suponía el transporte.

Incluso cuando comenzaron a aparecer compradores de uva en la propia localidad, esta actividad fue disminuyendo debido a diferentes circunstancias comerciales. Ante esta situación, numerosos agricultores optaron por elaborar y almacenar su propio vino, lo que impulsó todavía más la construcción de cuevas.

La excavación de estas bodegas subterráneas se prolongó aproximadamente hasta el año 1960, aunque durante la Guerra Civil se produjo una notable disminución de esta actividad.

Visitar y contemplar una de estas cuevas permite conocer de cerca su complejo proceso de construcción y comprender el enorme esfuerzo que exigía perforar la tierra con los medios disponibles en aquella época.

Estas construcciones constituyen hoy un valioso testimonio del trabajo, la voluntad y el tesón de los agricultores de Tomelloso, capaces de transformar el subsuelo de la ciudad y convertirlo en una parte esencial de su historia y de su identidad vitivinícola.

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