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Ópera y zarzuela unen a Tomelloso, Daimiel y Almagro en una noche para el recuerdo

a Coral del Conservatorio de Tomelloso lleva su voz a Almagro en una noche muy especial

La Coral del Conservatorio de Tomelloso, dirigida por Marieli Blanco, vivió ayer, domingo 12 de julio, una de esas noches que quedan para siempre en la memoria. La formación tomellosera llevó sus voces hasta la Antigua Universidad Renacentista de Almagro, AUREA, para participar en el espectáculo Una noche con nuestros clásicos de ópera y zarzuela.

La cita formó parte de la programación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y reunió a intérpretes y agrupaciones de distintos puntos de la provincia alrededor de dos géneros profundamente ligados a la tradición musical europea y española.

Una noche de grandes voces en AUREA

Sobre el escenario estuvo la Orquesta CLM Sinfónica, bajo la dirección musical de Francisco J. Velasco Martínez, acompañada por la Coral del Conservatorio de Tomelloso, la Coral Orden de Calatrava de Almagro y el Coro Laminium de Daimiel.

Marieli Blanco estuvo al frente de la formación tomellosera en una actuación preparada con ilusión, responsabilidad y muchas horas de ensayo. Días antes del concierto, la coral compartía su entusiasmo con un mensaje tan sencillo como expresivo: «Nos vamos a Almagro».

No era una actuación cualquiera. Cantar dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y hacerlo en un espacio con tanta historia como AUREA convertía la velada en una ocasión especialmente emocionante para todos sus integrantes.

La respuesta de los espectadores confirmó la expectación despertada por la propuesta. Las entradas se agotaron y el recinto presentó un magnífico ambiente para recibir a músicos, coralistas y solistas.

De Rossini a Verdi, Wagner y Puccini

La primera parte del concierto estuvo dedicada a la ópera y comenzó con la Orquesta CLM Sinfónica interpretando la obertura de El barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini. Su ritmo vivo, sus célebres crescendos y su carácter luminoso sirvieron para abrir la noche y preparar al público para un recorrido por algunas de las páginas más reconocidas del repertorio lírico.

Las voces corales tomaron después el protagonismo con el Coro de gitanos de Il trovatore, de Giuseppe Verdi, también conocido como Coro de los yunques. Se trata de uno de los momentos más populares de la obra, marcado por el ritmo de los martillos golpeando los yunques y por una escritura coral llena de fuerza y energía.

El programa continuó con el Coro de las campanas de Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo, una página brillante y dinámica que recrea el bullicio colectivo de una comunidad convocada por el sonido de las campanas.

Muy diferente fue la atmósfera creada por el Coro de peregrinos de Tannhäuser, de Richard Wagner. Su carácter solemne y espiritual acompañó musicalmente el camino de los peregrinos hacia Roma en busca del perdón, convirtiéndose en uno de los momentos más recogidos de la velada.

La orquesta volvió a ocupar el primer plano con el Intermezzo de Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni. Esta pieza instrumental, de gran intensidad emocional, creó un instante de serenidad dentro de un programa dominado hasta entonces por la fuerza de las masas corales.

El silencio convertido en música

Uno de los momentos más delicados llegó con el Coro a bocca chiusa de Madama Butterfly, de Giacomo Puccini. Interpretado sin palabras, únicamente mediante un murmullo de voces, el fragmento acompaña la larga espera de Butterfly y convierte el silencio, la esperanza y la incertidumbre en música.

Su sonoridad contenida permitió apreciar especialmente el equilibrio y la sensibilidad de las agrupaciones participantes.

El contraste llegó con el Coro de soldados de Fausto, de Charles Gounod, interpretado por las voces masculinas. Su carácter marcial y triunfal aportó firmeza y energía a la segunda mitad del bloque operístico. Se trata de uno de los números más conocidos de la obra, construido como una marcha de regreso y victoria.

La sección de ópera alcanzó uno de sus momentos culminantes con Va, pensiero, de Nabucco. El célebre coro de los esclavos hebreos expresa la nostalgia de un pueblo desterrado que recuerda su patria perdida.

La melodía, serena y profundamente emotiva, volvió a demostrar la capacidad de Verdi para convertir una escena operística en un canto colectivo de enorme fuerza humana.

El preludio de La Traviata, también de Verdi, interpretado por la orquesta, cerró esta primera parte con su escritura delicada y melancólica. Sus cuerdas, frágiles y contenidas, anticiparon el destino de Violetta y ofrecieron una transición especialmente elegante hacia el repertorio español.

La zarzuela tomó el escenario

La segunda parte trasladó al público desde los grandes teatros europeos hasta las plazas, calles y paisajes populares de la zarzuela española.

El recorrido comenzó con las seguidillas de La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón, una de las obras más representativas del género chico. Su ritmo castizo y su ambiente madrileño devolvieron al escenario el carácter festivo, cercano y popular que ha convertido esta zarzuela en una de las más queridas por el público.

A continuación sonó el Coro de románticos de Doña Francisquita, de Amadeo Vives. La pieza, situada en el Madrid romántico recreado por la obra, combina elegancia, lirismo y un diálogo amoroso entre las distintas voces del coro.

Uno de los momentos de mayor vínculo con la tierra llegó con La canción del sembrador, perteneciente a La rosa del azafrán, del compositor manchego Jacinto Guerrero. El solista Gustavo Alameda asumió esta página inspirada en el trabajo del campo, en la siembra y en el paisaje rural de La Mancha.

La interpretación adquirió un significado especial en una noche con una destacada presencia de agrupaciones castellano-manchegas. La fuerza del solista, acompañada por las voces corales y la orquesta, permitió que el espíritu de una de las zarzuelas más estrechamente vinculadas a la identidad manchega resonara dentro de los muros históricos de AUREA.

Las voces femeninas protagonizaron después el Coro de barquilleros de Agua, azucarillos y aguardiente, de Federico Chueca. La pieza recreó el Madrid más popular, el de los vendedores ambulantes, los paseos y los personajes que llenaban de vida las calles de la capital a finales del siglo XIX.

El programa oficial concluyó con la zambra de La leyenda del beso, de Reveriano Soutullo y Juan Vert, en la que intervino como solista Petri Casado.

El número, marcado por su colorido, su ritmo y su carácter escénico, forma parte de una de las zarzuelas de mayor riqueza orquestal del repertorio español. La interpretación de Petri Casado aportó personalidad y expresividad a una pieza concebida como una celebración llena de movimiento y emoción.

Dos bises para cerrar una noche inolvidable

La respuesta del público llevó a los intérpretes a prolongar el concierto con dos bises que terminaron de elevar la emoción de la noche.

El primero fue Nessun dorma, de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini, interpretado por el solista José Hernández Párraga. La conocida aria, construida sobre una progresión creciente que desemboca en un final de enorme intensidad, permitió al cantante desplegar toda su potencia vocal ante un público completamente entregado.

Como cierre definitivo sonó la Ensalada madrileña de Don Manolito, de Pablo Sorozábal. Este animado número coral reúne diferentes melodías populares dedicadas a Madrid y aportó un final alegre, desenfadado y festivo a una velada que había transitado por la solemnidad, el drama, el romanticismo y el humor.

Marieli Blanco, una vida ligada a la coral

La actuación en Almagro supuso un nuevo momento destacado en la trayectoria de Marieli Blanco, directora vinculada a la Coral del Conservatorio de Tomelloso desde hace tres décadas y nombrada recientemente Viñadora de Honor de la Feria y Fiestas de Tomelloso 2026.

Bajo su dirección, la formación ha mantenido una presencia constante en la vida cultural de Tomelloso, participando en conciertos, encuentros corales y proyectos musicales dentro y fuera de la localidad.

En esta ocasión, Blanco volvió a ponerse al frente de sus voces para afrontar una actuación exigente y especial. La amplitud del programa obligó a transitar por estilos, idiomas y sensibilidades muy diferentes: desde la potencia dramática de Verdi hasta la espiritualidad de Wagner, la delicadeza de Puccini y el carácter popular de la zarzuela.

El resultado fue una interpretación cargada de energía, sensibilidad y entusiasmo, compartida con otras agrupaciones corales de la provincia, una orquesta sinfónica y varios solistas.

Tomelloso dejó su voz en el Festival de Almagro

La participación de la Coral del Conservatorio permitió que Tomelloso estuviera presente en una de las citas culturales más importantes del verano castellano-manchego.

La noche sirvió además para mostrar el valor del trabajo colectivo. Detrás de cada pieza estuvieron los ensayos, la coordinación entre las diferentes agrupaciones y el esfuerzo de músicos, coralistas, solistas y directores para construir un programa tan amplio como exigente.

La Coral del Conservatorio de Tomelloso y Marieli Blanco regresaron así de Almagro después de compartir una experiencia difícil de olvidar. Fue una noche en la que Rossini, Verdi, Wagner, Puccini, Bretón, Vives, Guerrero, Chueca, Soutullo, Vert y Sorozábal convivieron sobre un mismo escenario.

Una velada de ópera y zarzuela en la que las voces de Tomelloso sonaron con fuerza, sensibilidad y orgullo en uno de los escenarios más especiales de Castilla-La Mancha.

coral aurea almagro 12
Una noche con nuestros clásicos de ópera y zarzuela. Fotografía de Pablo Lorente (FITCA).

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