Según una antigua leyenda popular de Cañizares, un caminante regresaba de su recorrido por un estrecho barranco, rodeado de paredes rocosas a ambos lados. Avanzaba con cierta prisa porque comenzaba a hacerse de noche cuando, de repente, sintió que algo lo atrapaba por la espalda.
Lo primero que pensó fue que unos ladrones lo habían sorprendido. Presa del miedo, prometió que podían llevarse todo cuanto tenía, mientras escuchaba a su espalda un inquietante sonido:
«Huuuuu, huuuuu, huuuuu…»
El caminante, completamente asustado, pidió desesperadamente que no le hicieran daño. Permaneció así durante toda la noche, paralizado por el temor y sin atreverse a volver la cabeza.
Cuando llegó la mañana y la luz comenzó a iluminar el barranco, reunió el valor suficiente para mirar hacia atrás. Fue entonces cuando descubrió que, en realidad, había quedado enganchado entre las ramas de una zarza.
Comprendió también que el extraño sonido que había escuchado durante la noche probablemente procedía de algún búho que llamaba a su pareja.
Con la ayuda de una hoz, consiguió cortar la maraña de ramas, liberarse y continuar su camino.
La tradición popular relaciona este curioso episodio con el nombre de la Cueva de los Ladrones, un paraje situado en el entorno de Cañizares, en la Serranía de Cuenca.
Aunque la existencia del paraje es real, no existen documentos históricos que permitan demostrar que este suceso ocurrió verdaderamente. Por ello, la historia debe entenderse como una leyenda local transmitida de generación en generación.












