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Los muros del Palacio de Clavería arroparon, un año más, la celebración del certamen literario ‘Valentín Villalón’

La séptima edición del Certamen Nacional de Poesía "Valentín Villalón" y el recital "Poesía en Palacio" consagran en Aldea del Rey el poemario "Melodía incompleta" de M. Pilar Geraldo Denia

Aldea del Rey volvió a transformarse en el epicentro de la lírica nacional. La celebración de la séptima edición del Certamen Nacional de Poesía «Valentín Villalón» y su inseparable velada «Poesía en Palacio» no supusieron un acto institucional más, sino que se manifestaron como una auténtica necesidad colectiva de abrazar la palabra, la música y la memoria en unos tiempos necesitados de sosiego. El evento brilló especialmente por el orgullo de un pueblo que ve consolidarse su gran apuesta cultural veraniega. Por primera vez, el editor Julio Criado no estuvo presente en la gala debido al fallecimiento de su padre apenas dos jornadas antes, autoridades, poetas y vecinos, le brindaron un caluroso abrazo de condolencias.

La apertura oficial del acto estuvo marcada por encendidas defensas del papel que la cultura debe jugar en los municipios de la España interior. El alcalde de la localidad, Cándido Barba, inauguró la noche saludando a los asistentes, a los miembros de la corporación municipal y a la familia del maestro Valentín Villalón, hijo predilecto que da nombre al premio. En su alocución, Barba insistió en que la inversión en las letras no constituye un gasto superfluo, sino una herramienta de cohesión social indispensable y la mejor carta de presentación exterior para Aldea del Rey, un municipio que ha logrado democratizar la poesía, sacarla de los círculos íntimos y transformarla en un clamor popular que resuena con fuerza en todo el país. El primer edil dedicó también palabras de reconocimiento al respaldo de la Diputación Provincial de Ciudad Real; a la intensa labor de la concejala de Cultura, Araceli Valbuena, como impulsora de esta cita y al Grupo Oretania.

La propia Valbuena tomó la palabra para profundizar en las raíces humanas del certamen, recordando la figura de Valentín Villalón Benítez como un hombre sencillo y humilde que hacía pueblo al caminar por sus calles. Dedicado en cuerpo y alma a la enseñanza, la concejala ensalzó la docencia como un acto de amor y generosidad que el premio pretende mantener vivo a través de cada verso recibido de la geografía nacional e hispanoamericana.

Versos para un mundo convulso

El poeta Luis Díaz-Cacho, coordinador del jurado y de los Encuentros Oretania de Poetas, asumió la dirección del bloque literario presentando el libro colectivo «Palabras para la Paz y para la Vida», una obra nacida con la vocación de erigirse como un refugio ético frente a la velocidad de la sociedad actual.

El recital fluyó con el acompañamiento de la asociación musical Mozart de Aldea del Rey, dirigida brillantemente por el carismático director musical Felipe Ruiz Campos y la voz del cantautor Vicente Castellanos, quien rompió el fuego interpretando «Vuela», una composición basada en un poema de Antonia Piqueras que conmovió por su delicada sugerencia del anhelo y el lirismo de los sueños. A partir de ese momento, los autores manchegos fueron desfilando por el atril ofreciendo composiciones de una gran intensidad interpretativa.

Teresa Sánchez Laguna, llegada desde Valdepeñas, celebró la vida cantando la primavera a través de un emotivo poema escrito con motivo de la mayoría de edad de su nieto Álvaro, para engarzar posteriormente su voz con una loa a la propia poesía, a la que definió como un aliento cotidiano y una flor comprometida que la asalta en la noche y en la claridad del día.

El contrapunto de la denuncia social llegó de la mano de Marciano Sánchez, quien ofreció una lectura combativa sobre la fragilidad y la manipulación de la paz en el panorama internacional. Sus versos describieron con crudeza las heridas de la guerra, la falsedad de los discursos oficiales y la mirada trágica de la infancia entre los escombros de los bombardeos, para concluir con un canto de resistencia dedicado a la vida que sale a bañarse en primaveras incluso cuando todo a su alrededor son inviernos de destrucción.

Eloísa Pardo Castro aportó frescura y un aire cinematográfico al dar lectura a sus «Apuntes de tres encuentros gozosos de paz», una composición articulada en tres instantes donde la placidez se apodera de la rutina. Pardo transportó al público por las calles empedradas de un hermoso rincón de la Mancha y por un Madrid otoñal y lluvioso, describiendo paraguas compartidos, charlas sin término, copas que chocan y la complicidad de una luna discreta, demostrando que su pluma no se moja en un tintero sino en la experiencia directa de la existencia.

El tramo final del recital poético estuvo a cargo de Antonia Piqueras, quien con «Cuando despierte la paz» plasmó su íntimo deseo de un mañana donde las armas se retiren para dejar paso a la armonía, y con «La vida es música» dibujó un pentagrama vital donde las notas Fa representan el pedestal de la familia y el sol marca la fuerza de la solidaridad con el prójimo.

Begoña Mansilla protagonizó uno de los pasajes más solemnes de la noche al recitar «Tu risa», un poema de su difunto compañero Manuel Muñoz Moreno. Mansilla agradeció de manera muy emotiva al Grupo Oretania que sigan manteniendo presente el legado de los creadores que ya cruzaron a la otra orilla, hilando la memoria de su esposo con el sentido del propio festival. Luis Díaz-Cacho clausuró las intervenciones líricas con su poema «Es urgente la palabra», un rotundo manifiesto contra la violencia y una defensa de los argumentos frente a la brutalidad.

Melodía incompleta

Tras la entrega de un obsequio a las hijas de Valentín Villalón, se procedió a la lectura oficial del acta del jurado, el cual falló por absoluta unanimidad otorgar el premio de esta séptima edición a la escritora albaceteña residente en Cuenca, M. Pilar Geraldo Denia, por su obra «Melodía incompleta». El coordinador del jurado la describió como un poemario intimista, ágil y reflexivo en verso libre que se construye como una intensa conversación con su compañero fallecido.

Al subir a la tribuna, M. Pilar Geraldo humanizó el Palacio de Clavería desnudando el alma ante un auditorio que la escuchaba en un silencio reverencial. La autora, maestra de música de profesión, explicó que su libro arranca y concluye con una estructura musical de anacrusa y pasó a relatar la intrahistoria de sus versos, una crónica real de reconciliación en mitad de la pandemia del año 2020.

Geraldo desveló que se encontraba separada de su exmarido desde hacía muchos años por elección propia, pero que, al conocer el diagnóstico de un cáncer pulmonar avanzado en pleno confinamiento, él tuvo el gesto generoso de trasladarse a su hogar en Cuenca para despedirse de este mundo arropado por las manos de su hijo y las de ella misma. La escritora definió su obra como un poemario desde el alma que transciende las convenciones del amor tradicional para convertirse en una lección de madurez y gratitud frente al duelo. Su lectura, desgranando versos que hablaban de relojes de cristal que pierden su arena, de andenes en calma esperando un tren y del regreso al olor a membrillo de la infancia, constituyó una catarsis que conmovió hondamente a los presentes.

La velada no descuidó su dimensión artística y musical. Vicente Castellanos regresó al escenario para interpretar una hermosa musicalización de «Incierta tarde», poema original de Teresa Sánchez Laguna, y para regalar al público el estreno absoluto de «Cita médica», una canción basada en un texto de Eloísa Pardo Castro. El tema relata con una ironía desgarradora la frialdad burocrática de recibir una llamada telefónica para recordar una revisión médica a una persona que ya ha fallecido, concluyendo con una delicada ralentización acústica que dejó un nudo en la garganta del auditorio.

Para ahuyentar la melancolía y celebrar la vida en comunidad, la asociación musical Mozart tomó los instrumentos para ofrecer una pieza lírica de vientos y acordeón, rematando la velada con la interpretación de un pasodoble tradicional lleno de fuerza y tipismo que levantó los ánimos de todo el recinto. La gala concluyó entre las risas y la complicidad del público cuando la presentación despidió el acto sugiriendo con humor que las próximas ediciones comiencen directamente a las diez de la noche, una hora en la que el fresco agosteño permitía disfrutar plenamente del Palacio de Clavería. Aldea del Rey cerró así una noche memorable, demostrando que la poesía sigue viva en el corazón del entorno rural.

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