Una nueva encuesta nutricional realizada a la población en las zonas accesibles de la Franja de Gaza muestra una situación nutricional compleja: niveles relativamente bajos de desnutrición infantil aguda, tasas preocupantes de desnutrición crónica (retraso del crecimiento), desnutrición materna, una calidad de la dieta muy deficiente, prácticas mejorables de alimentación de lactantes y niños pequeños y una elevada carga de enfermedades infantiles.
Los resultados muestran unos niveles bajos de desnutrición aguda –o emaciación- entre los niños y niñas menores de cinco años; la desnutrición crónica o retraso del crecimiento —un indicador de un crecimiento lineal deficiente que refleja las condiciones acumuladas de nutrición y salud a lo largo del tiempo— afectó al 12,2% de los menores de cinco años, y el sobrepeso al 4,0%. La coexistencia de retraso del crecimiento, emaciación y sobrepeso en una misma población apunta a una mala calidad de la dieta, y no solo a la cantidad de alimentos: el 73,0% de los niños y niñas de entre 6 y 23 meses había consumido alimentos poco saludables el día anterior y solo el 22,4% había recibido una dieta mínima aceptable. Alrededor del 37,1% de los menores de cinco años había sufrido diarrea durante las dos semanas anteriores a la encuesta. También se documentó desnutrición materna entre adolescentes y mujeres de 15 a 49 años.
La encuesta se realizó entre el 31 de mayo y el 15 de junio de 2026, tras una ampliación sustancial de la ayuda humanitaria después del alto el fuego de octubre de 2025. En los meses anteriores al alto el fuego, incluido agosto de 2025, cuando la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF) confirmó la hambruna en Gaza, las graves restricciones de acceso y las interrupciones en los suministros hicieron que la alimentación suplementaria generalizada —una de las principales medidas para prevenir la desnutrición aguda— cesara en gran medida en toda Gaza. Algunos programas de detección y tratamiento de la desnutrición infantil siguieron funcionando, pero los suministros y el acceso necesarios para evitar que los niños y niñas llegaran a sufrir desnutrición no estaban llegando hasta ellos. Tras el alto el fuego, la reanudación de la ayuda y del flujo de bienes comerciales ha hecho que, mientras las admisiones para el tratamiento de la desnutrición aguda alcanzaron un máximo de casi 17.000 niños y niñas en agosto de 2025, en marzo de 2026 habían descendido a menos de 3.000.
“La nutrición de los niños y niñas mejora cuando la ayuda y los suministros comerciales llegan hasta ellos, y se deteriora con la misma rapidez cuando no llegan. Las mejoras que estamos observando son frágiles y dependen de un acceso humanitario sostenido, una financiación suficiente y unos mercados comerciales que funcionen. Sin estas condiciones, los avances podrían revertirse en cuestión de meses y la infancia volverá a pagar el precio más alto”, ha afirmado Edouard Beigbeder, director regional de UNICEF para Oriente Próximo y Norte de África.
Los distintos indicadores nutricionales miden dimensiones diferentes del bienestar nutricional y reflejan condiciones correspondientes a periodos de distinta duración. La desnutrición aguda refleja un estado nutricional más reciente, mientras que el retraso del crecimiento refleja condiciones acumuladas de nutrición y salud durante un periodo más prolongado. Por ello, los resultados de la encuesta deben analizarse de forma conjunta, en lugar de utilizar un único indicador para caracterizar la situación nutricional general.
“La desnutrición aguda puede mejorar en cuestión de semanas. Pero sus efectos más amplios no desaparecen”, ha señalado Beigbeder. “Los niños y niñas necesitan agua segura, atención sanitaria y alimentos variados y nutritivos, no solo calorías suficientes para sobrevivir”.
La encuesta es representativa de las zonas accesibles. Alrededor del 17% de la población de Gaza, unas 358.000 personas, quedó excluida de la muestra antes de la selección de conglomerados debido a las restricciones de acceso y seguridad. UNICEF pide un acceso humanitario sostenido y sin trabas, también para el combustible; financiación continuada para los servicios de nutrición, salud, agua y saneamiento; y mercados comerciales abiertos, para proteger a la infancia de un nuevo deterioro.












