Con el nombre de casas de campo agrícolas, podemos enclavar a distintas construcciones rurales dedicadas a apoyar las labores del campo que, aunque podemos indicar que todavía existen en los distintos parajes de las tierras agrícolas, por desgracia muchas de ellas han desaparecido por distintas razones, pero que, en su momento, prestaron un servicio al campo muy especial para propietarios de superficies importantes o bien como núcleos de consolidación de terrenos en zonas especiales alejadas de la localidad correspondiente o bien por disponer de una serie de servicios adecuados para su mantenimiento y para su estancia continua, que, en norma general, facilitaban las faenas agrícolas y las labores propias de la viticultura.
En estos parajes se encontraban las primeras construcciones realizadas con materiales primitivos y donde destacaban su color marrón y no blanco, pero que, evidentemente, mantenían una estructura importante, no solamente en cuanto a su superficie ocupada, sino también por su ubicación específica en lugares apropiados.
La mayoría eran casas habitables de forma continua o esporádica, pero, en todo caso, muchas contaban con la existencia de un encargado o mayordomo, con o sin familia, que mantenía la conservación adecuada de la instalación, bien de forma continua o periódica.
En definitiva, estas casas de labor se han venido abandonando, aunque aún podemos contemplar muchas de ellas en pleno campo, con los muros como única versión de su presencia.
Hoy en día, pocas casas que podemos considerar como agrícolas permanecen en uso y muchas de las que todavía existen se encuentran abandonadas.
Hacemos una separación especial de aquellas casas dedicadas a la caza que se mantienen todavía, diferenciadas de las que, en realidad, tenían como proyecto primordial el cultivo agrícola.
No cabe duda de que la evolución de la agricultura en nuestra zona, las posibilidades de desarrollo y la problemática de la mano de obra son algunas de las situaciones que han producido un desfallecimiento progresivo, aunque todavía podemos encontrar casas abandonadas, otras en funcionamiento y algunas ya desaparecidas.
Toda la evolución producida hasta la fecha es explicable por el propio movimiento del progreso de los medios de producción, pues se ha venido evolucionando hacia una disminución evidente de la mano de obra con la aparición de la mecanización del campo, especialmente en las faenas dedicadas a los cultivos de viñedo, con la utilización de plantaciones mecanizadas, plantas injertadas, recolección mecanizada y una mejora de los caminos de acceso a las distintas parcelas.
De la comprobación de casas visitadas, las superficies son variables, habiendo encontrado espacios desde los 3.060 hasta los 10.130 metros cuadrados de parcela y, en cuanto a la casa y construcciones adosadas, desde 185 hasta 3.560 metros cuadrados.
En alguna de ellas hemos encontrado también tinajas de barro integradas en construcciones adosadas.
Acompañamos algunas fotografías de este tipo de casas de campo en la zona de Tomelloso.




















