Tomelloso volvió a encontrarse este domingo con una de las citas que mejor explican su relación con la cultura. La 75ª Fiesta de las Letras ‘Ciudad de Tomelloso’ celebró tres cuartos de siglo de literatura, pintura, dibujo, fotografía, periodismo y creación artística con una gala especialmente simbólica en el Teatro Municipal Marcelo Grande y con el poeta, ensayista y artista tomellosero Dionisio Cañas como mantenedor, 39 años después de haber desempeñado ese mismo papel en 1987. La noche dejó premios, recuerdos, humor, teatro, poesía y una mirada constante hacia la historia de unos certámenes que forman ya parte de la identidad cultural de la ciudad.
Antes de la ceremonia tuvo lugar la tradicional recepción oficial en el Ayuntamiento y el posterior desfile hasta el Teatro Marcelo Grande de madrinas y padrino, premiados, mantenedor y autoridades. Entre los asistentes estuvieron el alcalde de Tomelloso, Javier Navarro; la concejala de Cultura, Inés Losa; concejales del equipo de Gobierno; concejales del PSOE de Tomelloso; el presidente del Partido Popular de Castilla-La Mancha, Paco Núñez; el diputado regional del PP Santiago Lucas-Torres; el diputado regional por el PSOE Francisco José Barato; y el presidente de la Cooperativa Bodega y Almazara Virgen de las Viñas, Rafael Torres Ugena. A ellos se sumaron familiares de los galardonados, representantes y personas vinculadas al tejido socioeconómico y cultural de Tomelloso, numerosos vecinos y las madrinas y padrino de las fiestas. La ceremonia estuvo conducida por Alberto Palacios Cañas y Julia Olmedo, mientras que Dionisio Cañas asumió el papel de mantenedor.
La jornada cultural había comenzado varias horas antes. A mediodía abrió sus puertas en el Museo Antonio López Torres la exposición del LVII Concurso-Exposición de Pintura y Dibujo ‘Ciudad de Tomelloso’ y del II Certamen de Humor Gráfico ‘José Luis Cabañas’, mientras que la Posada de los Portales acogió posteriormente la muestra del XXVI Certamen Nacional de Fotografía ‘Ciudad de Tomelloso’. Las obras premiadas y seleccionadas permanecerán expuestas hasta el 13 de septiembre. Esta edición incorporó, además, una de las principales novedades de los últimos años: el nuevo Premio de Textos Teatrales ‘Ciudad de Tomelloso’, que se suma a poesía, narrativa, periodismo, pintura, dibujo, fotografía y humor gráfico. La dotación global de los diferentes premios alcanzó los 39.000 euros.
Una gala para recorrer 75 ediciones
Palacios Cañas y Julia Olmedo condujeron una ceremonia planteada como un recorrido por la memoria de la Fiesta de las Letras. Desde el comienzo recordaron que hay pueblos que conservan su historia en archivos, mientras que Tomelloso la ha “dibujado, pintado y escrito durante 75 ediciones”. La escenografía y el guion recurrieron a la imagen de la siembra y la cosecha para enlazar aquellos primeros Juegos Florales con los premios actuales: cada galardón aparecía como fruto de una tradición pero también como una semilla para el futuro. Pequeñas piezas interpretadas, lecturas históricas, referencias literarias, humor y memoria local fueron enlazando las diferentes entregas.
Uno de los recursos más celebrados fue la aparición del llamado “datista del Ayuntamiento”, personaje que irrumpía en escena para aportar fechas, cifras y episodios de la historia del certamen. Su intervención permitió recordar la primera celebración de 1944, cuando el escenario apenas disponía de un atril, y la consolidación posterior de los Juegos Florales a partir de 1951. La gala recuperó también un texto ganador de 1944 del periodista tomellosero Francisco Adrados, con aquella rotunda afirmación de que “Tomelloso, corazón de La Mancha, está en la ruta del Quijote”, además de fragmentos de Pregones Manchegos, de Javier Martínez de Padilla, y versos de distintos ganadores del Premio ‘Eladio Cabañero’. En ese viaje aparecieron asimismo nombres esenciales como Francisco García Pavón, Eladio Cabañero y Félix Grande.
Otro de los bloques estuvo dedicado a la relación entre paisaje, pintura y arquitectura coincidiendo con el 40 aniversario del Museo Antonio López Torres y el 90 cumpleaños de Antonio López García. Se recordó el diálogo entre la obra de López Torres y la arquitectura de Fernando Higueras, así como las antiguas escenografías de la gala a través de palabras del exalcalde Francisco Javier Lozano de Castro, que evocaban aquellas jornadas en las que un pequeño equipo municipal disponía de apenas unas horas para transformar un escenario vacío. Aquella memoria sirvió también para reconocer públicamente el trabajo de las distintas corporaciones municipales, trabajadores del Ayuntamiento, técnicos del teatro, operarios y departamento de Cultura.
La entrada del teatro en el palmarés tuvo, además, una traducción inmediata sobre el escenario. Antes de entregar el primer Premio de Textos Teatrales, tres actrices representaron un fragmento de la obra ganadora, con tres mujeres de épocas distintas que coinciden en una relojería y descubren progresivamente que viven tiempos diferentes. La gala incluso lanzó una mirada hacia el futuro utilizando la inteligencia artificial para imaginar cómo podría ser la Fiesta de las Letras dentro de otros 25 años.
Mónica Dixon y Fernando Devesa entran en el Fondo ‘Antonio López García’
El Fondo de Adquisición ‘Antonio López García’, dotado con 10.000 euros y diploma, incorporó este año dos obras: Fragmentos de lo efímero, acrílico sobre lienzo de Mónica Dixon Gutiérrez de Terán, y El pozo, óleo sobre lino y tabla de Fernando Devesa Molina. El jurado adoptó la decisión por unanimidad y contó entre sus integrantes con nombres como Antonio López García, Javier Barón Thaidigsmann y Pepe Carretero.
Mónica Dixon, llegada desde Asturias y con raíces también estadounidenses, explicó que era la primera vez que concurría al certamen y destacó especialmente la llamada personal de los miembros del jurado para comunicarle el premio. Fragmentos de lo efímero forma parte de una investigación sobre la luz que se filtra en espacios aparentemente vacíos, a partir de pequeñas estructuras que fotografía, dibuja y termina trasladando al lienzo. Definió su pintura como figurativa, aunque situada “en la frontera” con la abstracción, y mostró su satisfacción porque la obra pase a formar parte de una colección pública de Tomelloso.
Fernando Devesa agradeció el reconocimiento al Ayuntamiento, al Museo Antonio López Torres y al jurado y dedicó buena parte de sus palabras a Antonio López García, a quien señaló como referencia fundamental de varias generaciones de artistas figurativos y realistas. Recordó que en 2022 ya había conseguido una mención de honor y explicó que El pozo representa un patio de Cádiz por el que pasa casi diariamente, defendiendo el componente autobiográfico de su pintura. Recibir ahora este premio, confesó, le dejaba “la sensación de haber cumplido un sueño”.
Ana Escribano y Raúl Gallardo compartieron el ‘Francisco Carretero’
El Fondo de Adquisición ‘Francisco Carretero’ de Dibujo, patrocinado por la Diputación Provincial de Ciudad Real y dotado con 4.000 euros y diploma, fue compartido por Ana Escribano, por Invasor, y Raúl Gallardo, por Mapa Humano. Escribano agradeció al Ayuntamiento la continuidad de unos certámenes que, destacó, ayudan directamente a los artistas, mientras que Gallardo definió su obra como una “cartografía de una vida” y una “geografía del rostro”, marcada por vivencias, sentimientos y por la huella del paso del tiempo.
Gallardo defendió también la necesidad de volver a mirar a los demás en una sociedad dominada por las pantallas y reivindicó la empatía hacia “el diferente, el extraño, el nuevo vecino”. El artista recordó que llegó a Tomelloso un 1 de septiembre, hace 27 años, para ejercer como profesor de dibujo artístico en la Escuela de Arte Antonio López y aseguró que desde entonces siempre se había sentido acogido. El galardón, afirmó, le hacía sentirse “como un tomellosero más”.
Humor gráfico y fotografía
La segunda edición del Certamen de Humor Gráfico ‘José Luis Cabañas’ tuvo como ganador a Eduardo Pérez Baamonde, por Terrazal, con un premio de 2.000 euros, mientras que el segundo reconocimiento, dotado con 1.000 euros, fue para Manuel Arriaga, por El mejor amigo. Pérez Baamonde no pudo asistir a la gala, por lo que su premio se anunció sin intervención personal del autor. Arriaga, por su parte, agradeció la creación del certamen y reconoció entre sus referentes al propio José Luis Cabañas y a Mingote.
El XXVI Certamen Nacional de Fotografía ‘Ciudad de Tomelloso’ incorporó cuatro nuevas obras a su fondo: Valencia II, de Ángel Ros Die; Desierto, de Javier Arcenilla Pérez; La mirada indiscreta, de Manuel Chacón Martín; y Azafrán, de Pilar Valdepeñas Díaz. Ángel Ros Die y Javier Arcenilla excusaron su ausencia y no pudieron recoger personalmente los premios.
Manuel Chacón agradeció el reconocimiento y defendió la necesidad de mantener certámenes de fotografía en un momento en el que la inteligencia artificial está transformando la relación con las imágenes. Tras viajar con su cámara por lugares como Uruguay, Países Bajos o Cuba, aseguró haber aprendido que no es necesario recorrer miles de kilómetros para encontrar una fotografía, sino conservar una mirada curiosa. Pilar Valdepeñas, fotógrafa desde hace 25 años y antigua alumna de la Escuela de Arte Antonio López, explicó que había regresado años después a las aulas para recuperar una fotografía más personal, centrada en luces y sombras y alejada de la presión por vender o conseguir un “like”. De ese proceso nació su proyecto Manchas de Luz en la Mancha, al que pertenece Azafrán.
María Teresa Lozano, premio ‘Juan Torres Grueso’
El XXX Certamen de Artículo Periodístico ‘Juan Torres Grueso’, dotado con 1.000 euros y diploma, recayó en la tomellosera María Teresa Lozano López por La arquitectura brutalista y sostenible de Higueras en el Museo López Torres. La autora felicitó al Ayuntamiento y a las distintas corporaciones que han conseguido mantener la Fiesta de las Letras durante 75 ediciones y compartió el reconocimiento con familiares, amigos y ciudadanos de Tomelloso.
Su trabajo nació aprovechando el 40 aniversario del Museo Antonio López Torres y puso el foco tanto en las obras del pintor como en el edificio proyectado por Fernando Higueras. Su intervención adquirió un tono especialmente emotivo al anunciar que el 2 de septiembre será su último día de trabajo en el museo antes de jubilarse. Antes de abandonar el escenario pidió al público: “No se olviden de él. Hay mucho por hacer”.
Luis Félix Reinosa, Ilia Galán, Francisco José Barón y Pilar Merino
El Premio Local de Narraciones ‘Félix Grande’, dotado con 1.000 euros, fue para Luis Félix Reinosa por El ignorado. El escritor dedicó su discurso a la soledad de escribir y a esa pregunta que acompaña a cualquier autor: si habrá alguien al otro lado dispuesto a interesarse por sus personajes, situaciones y diálogos. Para Reinosa, premios como este aportan algo más importante que alimentar el ego: la certeza de que existe un lector dispuesto a emocionarse con lo escrito. También tuvo palabras para quienes presentan sus obras a los certámenes sin lograr premio, subrayando la valentía que supone someter un texto nacido de uno mismo al juicio ajeno.
El XXVIII Premio de Narrativa ‘Francisco García Pavón’ de Novela Policíaca, dotado con 8.000 euros, quedó desierto. El portavoz del jurado, el escritor Lorenzo Silva, había explicado que la decisión no se debía a una ausencia de calidad entre los trabajos finalistas, sino a que no existió el consenso suficiente para situar una obra claramente por encima del resto. Durante la gala se recordó que no era un hecho inédito y que en 1964 llegaron a declararse desiertos todos los premios.
El XXVIII Premio de Poesía ‘Eladio Cabañero’, dotado con 5.000 euros, fue para Ilia Galán por Bebiendo vino en un mar de espigas. Su intervención fue una de las más desenfadadas de la gala: habló de su llegada a La Mancha, de la acogida recibida, de su visita al museo y hasta de sus problemas con el alojamiento. Entre bromas, vino y hospitalidad resumió su visión en una frase: “El arte es felicidad, es fiesta”, antes de recitar varios versos dedicados a las espigas, las viñas, los labriegos, Don Quijote, el pan y el vino.
Francisco José Barón recibió el Premio de Poesía ‘José Antonio Torres’, dotado con 2.000 euros, por Dos poemas de amor en la piscina. Definió el arte y la cultura como “dos faros en la costa” a los que acudir cuando uno no sabe hacia dónde dirigirse y, aprovechando la noche de agosto, invitó al público a imaginar una piscina al anochecer antes de leer uno de los textos premiados. También manifestó su admiración por Antonio López García.
El Premio Local de Poesía ‘Ángel López Martínez’, con 1.000 euros de dotación, fue para Pilar Merino por Ardor. La autora no pudo acudir por problemas de salud, aunque envió un mensaje que se leyó sobre el escenario. En él lamentó perderse precisamente una edición tan especial y señaló que habría sido para ella “un momento inolvidable”, al tiempo que destacó el orgullo que supone que Tomelloso haya sido capaz de mantener durante tanto tiempo una fiesta consagrada a la literatura y las artes.
Lastr3s estrena el Premio de Textos Teatrales
Uno de los momentos más novedosos llegó con la entrega del primer Premio de Textos Teatrales ‘Ciudad de Tomelloso’, que convirtió al dramaturgo jienense Tomás Afán Muñoz en el primer ganador gracias a Lastr3s. El nuevo certamen, dotado con 2.000 euros, nació con una elevada participación: se presentaron 111 textos.
Antes de la entrega, tres actrices interpretaron un fragmento de la comedia, construida a partir de tres mujeres procedentes de distintas épocas que aparecen encerradas en una relojería y discuten sobre el tiempo, la política y la identidad hasta descubrir que pertenecen a la misma familia: son madre, hija y nieta. Afán agradeció al Ayuntamiento y a Tomelloso su apoyo a la cultura y defendió la necesidad de impulsar la dramaturgia contemporánea en castellano. El autor adelantó además que un espectáculo basado en el texto se estrenará en el Teatro Fundición de Sevilla antes de iniciar una gira y expresó su deseo de que la obra pueda regresar algún día al Marcelo Grande convertida ya en montaje completo.
Dionisio Cañas: del “entreluz” al hambre de horizonte
El momento central llegó con Dionisio Cañas, que regresó como mantenedor 39 años después. Su intervención, titulada ‘Hambre de horizonte. El amor del lugar’, comenzó con una larga relación de agradecimientos que quiso ordenar desde aquella primera experiencia de 1987 hasta el presente. También aprovechó para recordar que PP y PSOE habían incluido en sus programas municipales la construcción de una nueva biblioteca y defendió la urgencia de ese proyecto si Tomelloso quiere seguir siendo, en sus palabras, “las Atenas de La Mancha” en el siglo XXI.
Cañas contó que había escrito, reescrito, calculado y cronometrado muchas veces el discurso, hasta encontrar la manera de organizarlo una mañana, al amanecer, en su bombo, su refugio de piedra entre viñas. Allí recurrió a una palabra inventada por él, “entreluz”, para definir ese instante que no es completamente noche ni día y que le servía también para describir su propia posición vital y creativa. Desde ahí desarrolló una reflexión sobre el paso del tiempo, la tecnología, la brecha generacional, el pensamiento crítico, el amor individual, el amor social y, finalmente, el amor por el lugar.
Para el poeta, todo lo que se dice comienza a convertirse en pasado en el mismo instante en que ocurre. Frente a la imagen de Jorge Manrique de los ríos que van a parar a la mar, propuso imaginar la vida como un río que vuelve hacia su manantial y planteó que quizá el tiempo no sea lineal, sino circular. De ahí pasó a defender la importancia de mantener el pensamiento crítico y autocrítico para evitar que los errores del pasado regresen.
La revolución tecnológica ocupó otro bloque importante. Cañas habló de libros, bibliotecas, internet, pantallas e inteligencia artificial, comparando la transformación actual con la que en su día provocó la imprenta. Se incluyó irónicamente, junto a buena parte de su generación, entre los “analfabetos digitales”, frente a unos jóvenes nacidos ya dentro de ese ecosistema, aunque advirtió de los riesgos de las redes sociales, los eslóganes, los bulos y la creciente dificultad para distinguir lo auténtico de lo falso. Su conclusión fue sencilla: ninguna tecnología elimina la necesidad de aprender a pensar y construir criterio propio.
Desde ahí avanzó hacia el amor. Con humor recordó una conversación con un antiguo alumno de Nueva York que no conseguía comprender todos los significados que en español pueden tener verbos como “querer” o “echar”. Aquella anécdota le sirvió para defender que el amor individual debe funcionar como una carretera de doble dirección, resumida en una pregunta aparentemente sencilla: “Te quiero, pero ¿me quieres tú a mí?”.
Pero su reflexión no terminó en las relaciones personales. Dionisio Cañas amplió el concepto hacia el amor social, entendido como la voluntad de ayudar a los demás sin esperar recompensa, y reivindicó el trabajo de organizaciones humanitarias, religiosas, ecologistas y de protección animal. De esa parte salió una de las frases más claras y aplaudidas de la noche: “No pierdas el tiempo odiando”. El poeta la convirtió en un consejo para los jóvenes y en una conclusión personal tras reconocer que, cada vez que él mismo había odiado, quien había terminado sufriendo más había sido él.
“El kilómetro cero de mi felicidad”
La parte final estuvo dedicada al amor por el lugar. Dionisio Cañas recordó que en 1987 ya había declarado estar enamorado de Tomelloso, aunque explicó que aquel sentimiento se ha ampliado con los años. Para él, Tomelloso ya no termina en el casco urbano ni en su término municipal: se extiende por un paisaje agrícola que continúa hacia Campo de Criptana, Argamasilla de Alba, Alcázar de San Juan, Socuéllamos, Pedro Muñoz y Villarrobledo, entre viñas, melonares, pimientos, sandías, cereales, ajos, cebollas, olivares, encinas, pistachos y almendros.
En medio de ese territorio se encuentra su bombo, al que definió como “el kilómetro cero de mi felicidad”. Allí ha desarrollado, explicó, una necesidad casi física de ver el horizonte. Después de haber vivido durante décadas en Nueva York, las grandes ciudades llegan ahora a producirle cierta claustrofobia cuando no consigue ver lejos. Recordó con humor una estancia en Galicia, rodeado de árboles, de la que acabó escapando hasta A Coruña para alojarse en un hotel con vistas al mar. A quienes le preguntaron qué ocurría les habló de un inventado “síndrome de Caperucita Roja”: necesitaba salir del bosque para recuperar el horizonte.
Para cerrar regresó a Don Quijote, concretamente al episodio de la cueva de Montesinos, y a la frase “Yo era allí entonces el que soy aquí ahora”. Cañas la trasladó a su propia biografía: el hombre que vivió en Nueva York y quien lleva más de veinte años de nuevo en La Mancha son, en esencia, la misma persona; igual que lo son el mantenedor de 1987 y el de 2026, aunque hayan cambiado la edad, las circunstancias y la manera de mirar el mundo.
Lo que sí ha crecido, explicó, es la dimensión de su relación con esta tierra. El amor por Tomelloso ha terminado convirtiéndose en un amor por todo el paisaje manchego. Y fue entonces cuando dejó una de las frases que mejor resumió no solo su discurso, sino buena parte de la noche: “Necesito este horizonte, tengo hambre de él y estoy enamorado de La Mancha”. Javier Navarro subió después al escenario para entregarle el diploma y la distinción como mantenedor, mientras el público respondía con un prolongado aplauso.
Tres cuartos de siglo de cultura
La 75ª Fiesta de las Letras volvió así a demostrar el peso que la literatura y las artes tienen en la identidad cultural de Tomelloso. Lo que comenzó hace tres cuartos de siglo como una apuesta por la creación ha terminado convirtiéndose en una de las citas culturales más reconocibles de la ciudad, capaz de mantener vivos nombres como Francisco García Pavón, Eladio Cabañero, Félix Grande, José Antonio Torres, Ángel López Martínez o Juan Torres Grueso, al mismo tiempo que incorpora nuevas voces y nuevas disciplinas.
La llegada del Premio de Textos Teatrales abre ahora otra etapa de unos certámenes que han sabido evolucionar sin perder sus raíces. Y la representación sobre el escenario de un fragmento de Lastr3s consiguió que esa incorporación no quedara limitada al palmarés, sino que entrara de lleno en la propia gala.
Una vez terminada la ceremonia, madrinas y padrino, galardonados, mantenedor y autoridades protagonizaron el tradicional desfile hasta los Jardines del Parque, donde se celebró la Cena Benéfica de Fin de Fiestas, este año a beneficio de la Fundación ELDER. La noche continuó con la actuación de la Orquesta Gran Rockset y terminó con la tradicional traca que puso el punto final a la Feria y Fiestas de Tomelloso 2026.
La edición del 75 aniversario dejó así una imagen difícil de separar de la propia historia de la Fiesta de las Letras: una gala capaz de mirar hacia 1944, recordar a quienes construyeron sus certámenes, escuchar a quienes acaban de incorporarse a su palmarés y preguntarse cómo será esta misma celebración dentro de otros 25 años. Entre medias quedó el mensaje más personal de Dionisio Cañas: cambian los soportes de la cultura, cambian las generaciones y cambia nuestra manera de comunicarnos, pero siguen existiendo paisajes, palabras y afectos que funcionan como un lugar al que regresar.













