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Mujeres rurales: protagonistas del presente, arquitectas del futuro

Artículo de opinión de Ascensión Palomares con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales hoy 15 de octubre

Cada 15 de octubre tenemos una nueva oportunidad para reconocer la contribución de las mujeres rurales. Pero este año quiero ir más allá del homenaje y plantear una pregunta necesaria: ¿estamos dispuestos a reconocerlas como propietarias, profesionales, empresarias, innovadoras y protagonistas de las decisiones que determinarán el futuro de nuestros pueblos?

Reconocer su contribución no consiste únicamente en agradecer lo que han hecho. Significa garantizar que puedan decidir, emprender, progresar y vivir de su trabajo en condiciones de igualdad.

Este 2026, declarado por Naciones Unidas Año Internacional de la Mujer Agricultora, nos invita a reflexionar sobre el papel esencial de las mujeres en la agricultura y los sistemas alimentarios. Mujeres que producen alimentos, gestionan explotaciones, impulsan negocios, preservan conocimientos y generan nuevas oportunidades, aunque su aportación no siempre recibe el reconocimiento que merece.

Uno de los principales retos pendientes es transformar su trabajo en autonomía económica efectiva. No basta con trabajar en las explotaciones familiares, las cooperativas o los negocios rurales: es imprescindible contar con reconocimiento profesional, protección social, remuneración justa y capacidad real de decisión. Debemos pasar del trabajo invisible al reconocimiento económico.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística muestran avances. Entre 2020 y 2023, la mano de obra femenina contratada de manera regular en las explotaciones agrícolas españolas aumentó un 22,2 %, frente al 2,3 % registrado entre los hombres. Es una evolución positiva, pero todavía queda camino por recorrer para garantizar el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra, la gestión de sus propias explotaciones y los puestos de responsabilidad.

En Castilla-La Mancha también contamos con herramientas importantes, como el Estatuto de las Mujeres Rurales, aprobado en 2019 para impulsar la igualdad de oportunidades en el sector agrario y el desarrollo rural. La evaluación regional publicada en julio de 2026 ofrece motivos para reconocer avances: las organizaciones representativas del sector agrario y del desarrollo rural han pasado de contar con porcentajes de mujeres de entre el 7 % y el 30 % en sus órganos directivos en 2019 a alcanzar una composición equilibrada, con una representación femenina de entre el 40 % y el 60 %. Asimismo, la proporción de proyectos apoyados por los Grupos de Desarrollo Rural cuya titularidad corresponde a mujeres ha aumentado del 7 % al 26 %.

Sin embargo, no podemos confundir los avances con la tarea cumplida. La presencia de mujeres en los consejos rectores de las cooperativas agroalimentarias de la región pasó del 7 % en 2015 al 12 % en 2023. Además, la evaluación del Estatuto señala que todavía no se aprecia una evolución claramente ascendente en el porcentaje de mujeres titulares de ayudas ni en los importes que reciben.

Estos datos nos recuerdan que las normas son necesarias, pero deben traducirse en oportunidades económicas reales y en capacidad efectiva para decidir. La titularidad compartida de las explotaciones agrarias, el acceso a la financiación, la formación especializada, la innovación y la apertura de nuevos mercados deben formar parte de una estrategia que permita a las mujeres emprender y desarrollar sus proyectos en condiciones de igualdad.

El futuro del medio rural tampoco puede construirse de espaldas al talento femenino. La digitalización, las nuevas tecnologías, la transición ecológica y la diversificación económica abren posibilidades que debemos aprovechar. Junto a la agricultura y la ganadería, existen oportunidades en la transformación alimentaria, la economía social, la cultura, la educación, los servicios y el turismo sostenible.

Pero para convertir estas posibilidades en proyectos viables hacen falta conectividad, asesoramiento, formación accesible, financiación y servicios públicos adecuados. También necesitamos favorecer el relevo generacional y ofrecer a las nuevas generaciones razones para construir su proyecto de vida en los pueblos.

Desde Albacete, Cuenca, Ciudad Real, Guadalajara y Toledo debemos defender una misma convicción: vivir en el medio rural no puede significar disponer de menos oportunidades. Queremos pueblos vivos, con empleo, servicios, innovación y capacidad para decidir su propio futuro.

Y para conseguirlo, las mujeres deben participar plenamente en las decisiones que afectan a sus territorios. Los ayuntamientos, las cooperativas, las organizaciones profesionales agrarias y las asociaciones han de incorporar el liderazgo femenino como una exigencia de igualdad y calidad democrática, no como una concesión. Las mujeres que viven y trabajan en nuestros pueblos deben tener voz efectiva en las decisiones sobre agricultura, agua, energía, vivienda, movilidad, educación y empleo.

Las administraciones públicas tienen una responsabilidad decisiva, pero también las empresas, las organizaciones representativas y la sociedad en su conjunto. La igualdad requiere compromisos concretos, recursos, corresponsabilidad y una evaluación rigurosa de los resultados. No basta con anunciar programas: debemos comprobar si llegan a quienes los necesitan y si mejoran realmente sus vidas.

En este Día Internacional de las Mujeres Rurales reivindico una agenda de futuro basada en cinco compromisos: autonomía económica y acceso a la propiedad; empleo digno y emprendimiento; formación e innovación tecnológica; presencia efectiva en los espacios de decisión; y políticas públicas que garanticen oportunidades reales, con independencia del lugar de residencia.

No se trata de conceder privilegios, sino de eliminar obstáculos injustificados. Tampoco debemos presentar a las mujeres rurales como heroínas obligadas a superar cualquier dificultad. Debemos garantizar que puedan desarrollar sus capacidades sin tener que demostrar constantemente que merecen las mismas oportunidades que los demás.

El medio rural necesita población, actividad económica, conocimiento y esperanza. No podrá alcanzar todo su potencial si desaprovecha la inteligencia, la preparación y la iniciativa de las mujeres.

Este 15 de octubre reivindico algo más que visibilidad: igualdad efectiva, independencia económica y poder de decisión. Que ninguna niña tenga que abandonar su pueblo para encontrar oportunidades y que ninguna mujer tenga que renunciar a sus aspiraciones por haber nacido o elegido vivir en el campo. Porque apoyar a las mujeres rurales no es solamente una cuestión de justicia. Es apostar por pueblos más prósperos, economías más sólidas y una sociedad más democrática.

El futuro rural no debe construirse para las mujeres sin las mujeres. Debe construirse con ellas, desde ellas y contando con todo su talento.

Dra. Ascensión Palomares Ruiz, catedrática y premiada por su defensa de los derechos de las mujeres del mundo rural

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