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La Gerencia de Atención Integrada de Talavera extiende las buenas prácticas en el abordaje del dolor a los distintos niveles asistenciales

La Gerencia inició en 2025 la implantación de la Guía de Buenas Prácticas en valoración y manejo del dolor, con el objetivo de homogeneizar la atención en el ámbito hospitalario, Fisioterapia y Rehabilitación y Atención Primaria. La iniciativa, liderada por profesionales de Enfermería y Fisioterapia, promueve la valoración sistemática del dolor, la formación de los profesionales y la participación activa de pacientes y cuidadores en el proceso asistencial.

La Gerencia de Atención Integrada de Talavera de la Reina, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM), está extendiendo progresivamente la aplicación de buenas prácticas en la valoración y el manejo del dolor a diferentes ámbitos asistenciales, con el objetivo de establecer criterios homogéneos de actuación y favorecer una atención integral, individualizada y multidisciplinar a los pacientes.

El dolor, especialmente cuando se cronifica, puede afectar de forma significativa a la autonomía, el descanso, el bienestar emocional y las actividades cotidianas. Por ello, su atención requiere una valoración adecuada y periódica, así como una respuesta adaptada a las necesidades de cada persona. Escuchar al paciente, conocer cómo vive el dolor y evaluar su evolución son aspectos fundamentales para orientar los cuidados y favorecer una atención más segura y eficaz.

En este contexto, la Gerencia de Atención Integrada de Talavera inició en 2025 la implantación de la Guía de Buenas Prácticas en valoración y manejo del dolor, en el marco del programa internacional BPSO (Best Practice Spotlight Organizations), que promueve la incorporación de recomendaciones basadas en la evidencia científica a la práctica clínica.

Liderada por profesionales de Enfermería y Fisioterapia, esta iniciativa tiene como objetivo establecer criterios homogéneos para la valoración y el abordaje del dolor en los distintos niveles asistenciales. El propósito es que su identificación y seguimiento formen parte de la práctica habitual, facilitando una respuesta adecuada a las características y circunstancias de cada paciente.

La valoración sistemática, objetiva y periódica permite conocer la intensidad del dolor, identificar cómo afecta a la vida de la persona y comprobar la evolución tras las intervenciones realizadas. Para ello, resulta fundamental que los profesionales dispongan de herramientas de valoración adecuadas y compartan criterios de actuación que favorezcan la continuidad de los cuidados.

La implantación de la guía se extiende progresivamente más allá de las plantas de hospitalización, con la incorporación de los servicios de Fisioterapia y Rehabilitación y las consultas de Atención Primaria. De esta forma, se busca reforzar la continuidad asistencial y facilitar que la atención al dolor se adapte a las diferentes necesidades que pueden surgir durante el proceso de recuperación y seguimiento.

El desarrollo de esta iniciativa incluye la formación de los profesionales, el fomento de su participación y la aplicación de recomendaciones sustentadas en la mejor evidencia disponible. Todo ello contribuye a consolidar una práctica clínica que tenga en cuenta tanto los aspectos físicos del dolor como sus repercusiones emocionales y funcionales.

Pacientes y cuidadores, protagonistas de sus cuidados

La participación activa de pacientes y cuidadores constituye otro de los pilares de esta guía. Comprender el dolor, conocer las alternativas disponibles y disponer de información clara permite a las personas implicarse de manera más activa en sus cuidados y colaborar con los profesionales en la toma de decisiones.

Con este propósito, se ha elaborado un folleto educativo dirigido a pacientes y cuidadores, que explica de forma gráfica las escalas de valoración del dolor, ofrece información para favorecer un uso adecuado de los tratamientos y recoge medidas no farmacológicas que pueden contribuir a aliviarlo, siempre adaptadas a las necesidades y circunstancias de cada persona.

Entre estas medidas se encuentran la aplicación de frío o calor cuando esté indicada, las técnicas de relajación, los masajes, el uso de dispositivos de estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS) y la realización de ejercicios suaves adaptados. Estas opciones pueden complementar el tratamiento pautado por los profesionales cuando resulten apropiadas para cada situación.

La educación sanitaria también contribuye a resolver dudas, mejorar la comprensión de las recomendaciones y favorecer que los pacientes comuniquen cómo evoluciona su dolor y qué impacto tiene en su vida diaria. La información debe adaptarse a cada persona y servir de apoyo, sin sustituir la valoración profesional ni las indicaciones terapéuticas individualizadas.

La implantación de buenas prácticas en los distintos ámbitos asistenciales permite establecer criterios compartidos, favorecer la continuidad de los cuidados y promover una mayor implicación de profesionales, pacientes y familias.

El objetivo es que las personas que acuden a los servicios sanitarios encuentren una atención que tenga en cuenta sus necesidades, respete sus preferencias y contribuya a aliviar el sufrimiento, preservar su autonomía y mejorar su calidad de vida.

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