Argamasilla de Alba vivió en la noche del sábado una de las ediciones más emotivas de la historia de El Quijote en la Calle. La representación, que este año alcanzaba su vigésimo quinto aniversario, reunió a cientos de personas en la Plaza Alonso Quijano para disfrutar de una nueva puesta en escena de la obra cervantina y asistir a un momento que ya forma parte de la memoria colectiva de la localidad: la despedida de José Luis Fernández Serrano del personaje de Don Quijote tras veinticinco años encarnando al Caballero de la Triste Figura.
Bajo un manto de estrellas y en una noche cargada de simbolismo, vecinos y visitantes acompañaron a los protagonistas de esta singular representación que, desde hace un cuarto de siglo, convierte las calles y plazas de Argamasilla de Alba en un gran escenario al aire libre donde literatura, teatro, música, danza y participación ciudadana se dan la mano para rendir homenaje a la obra más universal de Miguel de Cervantes.
La XXV edición llevó a escena una adaptación de los capítulos finales de la novela, centrándose en los últimos episodios de la vida de Don Quijote. El encuentro con Álvaro de Tarfe, las reflexiones finales del caballero, su testamento y su muerte marcaron el hilo conductor de una representación que adquirió un significado especial al coincidir con la despedida del actor que ha dado vida al personaje desde los inicios de esta iniciativa.
La dirección de Pilar Serrano de Menchén volvió a ser una de las grandes claves del éxito de la representación. Su trabajo al frente de El Quijote en la Calle ha permitido consolidar un proyecto cultural que trasciende el ámbito teatral para convertirse en una de las señas de identidad de Argamasilla de Alba, implicando generación tras generación a decenas de vecinos y vecinas en torno al universo cervantino.
La puesta en escena contó con la participación de Tiquitoc Teatro, la Agrupación Musical “Maestro Martín Díaz”, dirigida por Miguel Carlos Gómez Perona, el Grupo de Coros y Danzas “Mancha Verde”, la Antigua Escuela de Baile “Crisanto y María del Rosario”, así como numerosos colaboradores, asociaciones, técnicos, voluntarios y participantes que hicieron posible una nueva edición de este espectáculo colectivo.
El Ayuntamiento de Argamasilla de Alba, a través de su Área de Cultura, volvió a respaldar una iniciativa que se ha convertido en uno de los principales referentes culturales de la localidad y en una cita imprescindible para vecinos y visitantes.
Uno de los momentos más emocionantes de la noche llegó tras la representación, cuando José Luis Fernández Serrano tomó la palabra para anunciar oficialmente su despedida del personaje de Don Quijote.
Visiblemente emocionado, agradeció el apoyo recibido durante todos estos años por parte de compañeros, colaboradores, asociaciones y público, reconociendo el esfuerzo colectivo que ha permitido mantener viva esta tradición durante veinticinco años.
Durante su intervención tuvo también un recuerdo especial para todas aquellas personas que participaron en la representación o la siguieron desde el público y que ya no se encuentran entre nosotros, solicitando un respetuoso minuto de silencio en su memoria.
De manera especialmente sentida, quiso rendir homenaje a Pedro Serrano “Periqui”, a quien recordó como su fiel escudero durante años en el papel de Sancho Panza, destacando su entrega, compañerismo y la pasión con la que hizo suyo el personaje.
La emoción fue creciendo hasta desembocar en una larga ovación del público que llenaba la plaza, poniendo el broche de oro a una noche histórica para la cultura local.
La muerte de Don Quijote sobre el escenario marcó el desenlace de la representación, pero también simbolizó el cierre de una etapa irrepetible para José Luis Fernández Serrano, cuya figura quedará para siempre ligada a la historia de El Quijote en la Calle.
Antes de abandonar definitivamente el personaje, quiso dirigirse una última vez a los asistentes con tres palabras sencillas y cargadas de significado:
“Gracias, gracias y gracias”.
Con ellas concluyó una edición que será recordada no solo por celebrar el vigésimo quinto aniversario de una de las grandes citas culturales de Argamasilla de Alba, sino también por despedir a quien, durante veinticinco años, puso voz, cuerpo y alma al más universal de los manchegos.





















