El Observatorio Económico del Trabajo Autónomo de UPTA España alerta de la profunda transformación que puede sufrir el mapa comercial de Castilla-La Mancha durante la próxima década. A tenor de los datos disponibles y de mantenerse la evolución registrada en los últimos años, la comunidad podría perder más de 7.500 trabajadores autónomos del comercio hasta 2036.
El cambio ya está en marcha. Castilla-La Mancha cerró 2021 con 35.803 trabajadores autónomos en comercio y reparación, mientras que al finalizar 2025 quedaban 32.784. En apenas cuatro años se han perdido 3.019 autónomos, un 8,4% del total.
La evolución es más negativa que la registrada en el conjunto del país. Durante el mismo periodo, España ha pasado de 772.234 a 716.637 autónomos del comercio, una reducción del 7,2%. La caída acumulada en Castilla-La Mancha supera, por tanto, en más de un punto porcentual la media nacional.
De mantenerse el ritmo observado durante estos años, Castilla-La Mancha podría perder alrededor de 7.550 autónomos del comercio durante la próxima década, situándose en el entorno de los 25.200 afiliados en 2036. Para UPTA, estas cifras anticipan un cambio estructural del modelo comercial castellanomanchego, con importantes consecuencias económicas, sociales y territoriales.
El comercio rural, una pieza esencial para mantener vivos los pueblos
La pérdida de comercio de proximidad adquiere una dimensión especialmente preocupante en Castilla-La Mancha por la extensión territorial de la comunidad, la dispersión de su población y el elevado número de pequeños municipios.
En buena parte del territorio, el comercio no representa únicamente una actividad económica. Tiendas de alimentación, pequeños establecimientos y otros negocios de proximidad forman parte de la red de servicios que permite mantener la vida cotidiana de la población.
Por eso, cada cierre tiene consecuencias que van mucho más allá de la pérdida de una actividad económica. En los municipios de menor dimensión puede significar también la desaparición de un servicio y obligar a sus habitantes a desplazarse a otras localidades para cubrir necesidades básicas.
La reducción del comercio de proximidad amenaza con alimentar un círculo especialmente peligroso: menos comercio significa menos servicios; menos servicios reducen la calidad de vida y dificultan el mantenimiento de población; y la pérdida de habitantes disminuye, a su vez, las posibilidades de supervivencia de los negocios que permanecen abiertos.
Para UPTA, cualquier estrategia contra la despoblación en Castilla-La Mancha debe incorporar necesariamente medidas dirigidas a preservar y facilitar la continuidad del pequeño comercio.
El pequeño comercio pierde terreno y los grandes operadores crecen
La situación de Castilla-La Mancha se produce dentro de una transformación mucho más amplia del modelo comercial español.
Mientras España perdió 55.597 autónomos del comercio entre 2021 y 2025, las grandes estructuras comerciales continuaron aumentando su capacidad de venta. La gran distribución alcanzó una facturación agregada superior a los 50.000 millones de euros, con un crecimiento del 4,75%, y sumó 222 nuevos establecimientos.
Al mismo tiempo, el comercio electrónico en España ha pasado de superar los 57.700 millones de euros de facturación en 2021 a más de 114.800 millones en 2025. En apenas cuatro años, el canal digital prácticamente ha duplicado su volumen de negocio mientras desaparecían decenas de miles de trabajadores autónomos del comercio.
El resultado es un mercado con menos pequeños operadores independientes y un peso cada vez mayor de las grandes estructuras comerciales y de los canales digitales.
Para UPTA, España no se enfrenta únicamente a la desaparición de miles de pequeños negocios. Está cambiando quién vende, dónde se vende y qué operadores concentran una parte cada vez mayor del mercado, una transformación especialmente preocupante en territorios como Castilla-La Mancha por el papel económico y social que todavía desempeña el comercio de proximidad.
Un modelo comercial que también ha cambiado nuestras ciudades
Durante las últimas décadas se ha producido una profunda transformación del modelo comercial y urbanístico. La expansión de grandes complejos comerciales en las periferias ha concentrado en un mismo espacio comercio, restauración, ocio, entretenimiento y grandes zonas de aparcamiento, generando una enorme capacidad de atracción de consumidores.
Una parte importante de la actividad comercial y del ocio se ha desplazado así fuera de las calles y barrios tradicionales, mientras el pequeño comercio ha tenido que competir con estructuras capaces de concentrar prácticamente toda la experiencia de consumo en un único espacio.
A este proceso se suma el fuerte crecimiento del comercio electrónico. El resultado comienza a ser visible tanto en las principales ciudades como en los municipios de menor dimensión: menos establecimientos independientes y una progresiva concentración del consumo en grandes operadores y canales digitales.
Para el presidente de UPTA España, Eduardo Abad, “Castilla-La Mancha ha perdido más de 3.000 autónomos del comercio en apenas cuatro años. Si esta tendencia continúa, podemos encontrarnos dentro de una década con más de 7.500 pequeños comerciantes menos. Durante años lo moderno fue llevar comercio, restauración y ocio a grandes complejos en las periferias. Creamos auténticos parques temáticos del consumo y vaciamos de actividad nuestras calles y barrios. Ahora estamos pagando las consecuencias.”
Abad alerta especialmente del impacto en el medio rural: “Cuando cierra un comercio en un pequeño municipio muchas veces desaparece también un servicio. No podemos hablar de luchar contra la despoblación mientras dejamos desaparecer los negocios que hacen posible la vida cotidiana en nuestros pueblos. Esto sí debe ser una prioridad: salvar el comercio de nuestros barrios, de nuestras calles y de nuestros pueblos. Castilla-La Mancha no puede resignarse a perder más de 7.500 autónomos del comercio durante la próxima década”.











