Una factura de electricidad elevada puede llevar al consumidor a pensar inmediatamente en cambiar de compañía. Sin embargo, antes de tomar una decisión conviene revisar qué se está pagando realmente.
Uno de los primeros aspectos que puede comprobarse es la potencia contratada. Mantener una potencia superior a las necesidades reales de la vivienda puede incrementar los costes fijos de la factura.
También conviene comprobar qué tipo de tarifa está contratada y si el precio cambia dependiendo de la hora en la que se consume electricidad.
La comparación entre ofertas se ha convertido, de hecho, en una herramienta cada vez más utilizada por los hogares.
Según los datos del Panel de Hogares de la CNMC, entre quienes cambiaron de oferta energética, el 35,8% de los hogares en electricidad había consultado previamente un comparador. Alrededor del 23% buscó información en Internet antes de tomar la decisión.
Antes de aceptar una nueva oferta también resulta aconsejable comprobar si el contrato incorpora servicios adicionales, mantenimientos, seguros u otros conceptos que puedan aumentar la factura.
Otro punto importante es saber si existe algún compromiso de permanencia y en qué condiciones podría aplicarse una penalización.
Comparar únicamente el precio anunciado puede resultar insuficiente. Lo recomendable es analizar el coste completo del contrato y hacerlo tomando como referencia el consumo real del hogar.
Una revisión periódica puede ayudar a detectar servicios innecesarios o condiciones que ya no resulten competitivas.










