Con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, Fundación Madrina alza la voz ante una realidad que afecta a miles de familias en España: el creciente número de menores diagnosticados con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y la situación de extrema vulnerabilidad en que quedan sus madres cuidadoras. La entidad reclama acción política inmediata para garantizar el acceso a la vivienda, el empleo y los recursos terapéuticos que estas familias necesitan.
El TEA en cifras: un aumento que no puede ignorarse
El número de niños y niñas diagnosticados con autismo en España no ha dejado de crecer de manera sostenida durante la última década. Según los datos del Ministerio de Educación correspondientes al curso 2022-2023, hay identificados más de 78.000 estudiantes con TEA en la enseñanza no universitaria, una cifra que representa el 29,71 % del total del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo vinculado a discapacidad. Esto supone un incremento del 310 % desde el curso 2011-2012, cuando el registro ascendía a algo más de 19.000 alumnos.
A escala mundial, los datos más recientes de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, 2025) indican que 1 de cada 31 niños de entre 4 y 8 años presenta autismo, frente a los 1 de cada 150 registrados en el año 2000. En España, el consenso científico estima una prevalencia del 1 %, lo que se traduce en más de 450.000 personas con TEA en nuestro país, afectando de forma directa a cerca de un millón y medio de personas si se incluye el entorno familiar.
| 78.000+ | estudiantes con TEA en la enseñanza no universitaria española (curso 2022-2023). Fuente: Ministerio de Educación. |
| 310 % | de incremento en el número de alumnos con autismo en España en la última década. |
| 1 de 31 | niños en EE. UU. presenta TEA según el CDC 2025, frente a 1 de cada 150 en el año 2000. |
| 90 % | de tasa de desempleo entre las personas con TEA en España (Autismo España). |
«En Fundación Madrina vemos cada vez más casos, y los colegios nos alertan de este crecimiento. Nos preguntamos si estamos ante una pandemia silenciosa», señalan desde la entidad.
Las madres cuidadoras: entre la entrega y el abandono
El perfil más invisible del TEA es el de la mujer que lo sostiene todo. Fundación Madrina alerta de que muchas madres vulnerables con hijos con TEA dejan o pierden su empleo para atender las necesidades constantes de sus hijos, que requieren una dedicación de 24 horas al día, 7 días a la semana. Sin trabajo, sin ingresos y sin redes de apoyo, el paso siguiente es perder la vivienda.
A esta espiral se suma el daño emocional y físico: las madres cuidadoras de niños con TEA presentan un alto riesgo de estrés crónico, ansiedad, depresión y deterioro de la salud física. Su sacrificio, lejos de reconocerse, queda invisible en las políticas públicas.
“Estas familias, y especialmente las madres vulnerables, se encuentran en una situación de absoluta desprotección. La conciliación es imposible; pierden el trabajo; no saben qué alimentos dar ni cómo manejar las conductas de sus hijos. Y cuando una madre pierde su empleo, toda la familia cae en pobreza extrema.”
— Conrado Giménez, Presidente y Fundador de Fundación Madrina
El triple desafío que enfrentan estas madres se resume en tres frentes que se alimentan mutuamente: los altísimos costes de alimentación especial y terapias (el 40 % de los niños con TEA requieren dietas específicas no cubiertas por los sistemas públicos), la imposibilidad de conciliación laboral y la pérdida de la vivienda.
La mirada clínica: voces de los médicos de Fundación Madrina
Los profesionales médicos de Fundación Madrina que trabajan directamente con estas familias trasladan una visión que combina el rigor científico más reciente con la experiencia cotidiana de quienes acompañan a las familias en las situaciones más vulnerables.
“El cerebro de una persona con TEA no está roto, funciona de manera diferente. Lo que la ciencia nos muestra hoy es que estamos ante una condición del neurodesarrollo con una base genética compleja, en la que intervienen cientos de genes. El diagnóstico precoz, antes de los tres años, sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos para mejorar la trayectoria vital de estos niños. Cada mes que se retrasa una intervención temprana es tiempo que no vuelve.”
— Dr. Osbel Díaz Luis, Médico de Fundación Madrina
“Una de las realidades que más me preocupa en nuestra práctica clínica es el impacto que el cuidado intensivo tiene sobre la salud de las propias madres. El agotamiento emocional y físico que soportan estas mujeres es monumental, y sin embargo son las grandes olvidadas del sistema. Tratar el TEA de forma integral significa también cuidar a quien cuida. No puede haber buena intervención terapéutica si la figura de referencia del menor está al límite de sus fuerzas.”
— Dra. Sofía Córdoba Arismendi, Médica de Fundación Madrina
“Hoy sabemos que el autismo no tiene cura porque no es una enfermedad. Es una forma diferente de desarrollarse neurológicamente. Lo que sí existen son apoyos muy eficaces que transforman vidas: la terapia del lenguaje, la terapia ocupacional, las intervenciones basadas en el juego, las herramientas digitales de comunicación aumentativa. El problema no es la falta de recursos terapéuticos, sino la falta de acceso a ellos. Y eso es una cuestión de voluntad política, no de posibilidad científica.”
— Dra. Adriana González Escobar, Médica de Fundación Madrina
Qué es el TEA: de la enfermedad a la diferencia
El consenso científico actual es claro: el autismo no es una enfermedad en el sentido clásico del término. Se trata de una condición del neurodesarrollo que forma parte de la diversidad natural del cerebro humano. Su etiología es compleja e implica factores genéticos, ambientales y epigenéticos, sin que a día de hoy haya un solo gen identificado como responsable.
Sus rasgos característicos incluyen dificultades en la comunicación e interacción social, comportamientos repetitivos, intereses muy marcados y una sensorialidad diferente. Sin embargo, el espectro es muy amplio: cada persona con TEA tiene su propio perfil, su propio nivel de autonomía y sus propias fortalezas. El TEA se presenta con una prevalencia hasta cuatro veces mayor en niños que en niñas, aunque el infradiagnóstico femenino es una preocupación creciente en la comunidad científica.
La investigación de los últimos años ha enriquecido la comprensión del autismo con nuevas teorías, como la del “cerebro predictivo” —que describe la dificultad para anticipar lo que va a ocurrir— o la del procesamiento sensorial aumentado. El enfoque ha virado definitivamente: ya no se habla de déficit, sino de diferencia.
Apoyos y terapias: muchos recursos, poco acceso
No existe cura para el TEA, pero sí una amplia gama de apoyos que, cuando se aplican de forma temprana y personalizada, transforman profundamente la calidad de vida de las personas con autismo y la de sus familias. Entre los más contrastados científicamente se encuentran:
- Análisis de Comportamiento Aplicado (ABA), especialmente eficaz en intervención temprana.
- Logopedia y terapia del habla y del lenguaje, clave para los niños con dificultades comunicativas.
- Terapia ocupacional para el manejo de la sensorialidad y la vida diaria.
- Sistemas de comunicación aumentativa y alternativa (PECS, apps), fundamentales para personas no verbales.
- Intervenciones basadas en el juego y en el modelo DIR/Floortime.
- Programas de apoyo familiar y psicoeducación para los cuidadores.
La tecnología abre también nuevas vías: la realidad virtual para practicar situaciones sociales, las aplicaciones de comunicación o la inteligencia artificial para personalizar intervenciones terapéuticas son ámbitos en pleno desarrollo. La medicación no trata el autismo en sí, pero puede aliviar condiciones asociadas como la ansiedad, la hiperactividad o la irritabilidad.
Fundación Madrina exige: seis medidas urgentes
Ante esta realidad, Fundación Madrina urge a las administraciones públicas a adoptar de forma inmediata las siguientes medidas:
- Prioridad en vivienda social para las familias con menores con TEA, equiparable a la de personas con discapacidad.
- Ayudas económicas directas y servicios de apoyo para facilitar el empleo y la conciliación de las madres cuidadoras.
- Incremento de las ayudas para sufragar los costes de terapias y dietas especiales, especialmente en el 40 % de casos que requieren alimentación específica.
- Programas integrales de asesoramiento familiar en alimentación, manejo conductual e integración escolar, accesibles en el entorno rural.
- Mayor inversión pública en investigación sobre la etiología del TEA y en el desarrollo de terapias paliativas.
- Reconocimiento legal de la situación de vulnerabilidad extrema de estas familias con mecanismos específicos de protección social.
“Es necesario que la sociedad y las instituciones reconozcan la vulnerabilidad extrema de estas familias y actúen con urgencia. No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras las madres que lo dan todo por sus hijos pierden su trabajo, su casa y su salud.”
— Conrado Giménez, Presidente y Fundador de Fundación Madrina
Dos historias, un mismo grito
Martina, desde Peñafiel (Castilla y León). Madre de Tiago, de 4 años, con signos evidentes de TEA pero aún sin diagnóstico formal, describe la soledad del autismo en la España rural: “Todavía está en evaluación, pero su comportamiento es notable. No come, no está quieto ni un segundo. Estoy muy cansada, física, mental y psicológicamente. No tengo ni asesoramiento de qué alimento darle. Pediría alguna orientación para saber cómo tratar a mi hijo, porque es muy agotador”.
Irene, madre refugiada con hija con autismo severo. Su hija de 10 años tiene un grado de discapacidad reconocido del 67 % por autismo severo. Tuvo que abandonar su empleo al no encontrar apoyo para el cuidado. “Necesito una oportunidad de trabajo que me permita mantener a mis hijos y seguir atendiéndolos. Necesitamos una solución para la vivienda, porque en breve tendremos que dejar el alojamiento temporal”.












