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¿Puede un perro morir de pena? Diez curiosidades sobre el corazón de las mascotas

Alexis Santana, veterinario especializado en cardiología intervencionista, desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre la salud cardiovascular de perros y gatos y explica qué señales pueden indicar que algo no va bien.

¿Los perros pueden morir de pena? ¿También sufren infartos? ¿Es normal que tosan cuando el problema está en el corazón? Aunque la cardiología veterinaria ha avanzado enormemente en los últimos años, todavía existen muchas falsas creencias sobre las enfermedades cardiovasculares de las mascotas y los síntomas que pueden alertar de ellas.

Para ayudar a desmontar algunos de esos mitos, Alexis Santana, veterinario especializado en cardiología intervencionista y cirugía cardiovascular, reúne diez curiosidades sobre el corazón de perros y gatos que pueden ayudar a los propietarios a entender mejor cómo funciona y cuándo conviene acudir al veterinario.

«Muchas enfermedades cardíacas comienzan dando señales muy sutiles. El problema es que con frecuencia se interpretan como algo propio de la edad o del carácter del animal, cuando en realidad pueden indicar que existe una patología que merece ser estudiada», explica Santana.

1. ¿Puede un perro morir de pena?

Aunque en veterinaria no se ha descrito el conocido síndrome del «corazón roto» que sí existe en medicina humana, el estrés sí puede empeorar la evolución de muchas enfermedades cardíacas. La ansiedad por separación, una hospitalización o la pérdida de un compañero pueden aumentar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y favorecer determinadas arritmias.

2. ¿Los animales también sufren infartos?

Sí, aunque son mucho menos frecuentes que en las personas. En los perros, la enfermedad cardíaca más habitual es la degeneración de la válvula mitral, mientras que en los gatos predominan las cardiomiopatías. En los cachorros, una de las patologías congénitas más comunes es el ductus arterioso persistente.

3. ¿Cuántas veces late el corazón de una mascota?

Depende de su tamaño. Los perros grandes pueden tener unas 50 pulsaciones por minuto en reposo, mientras que en las razas pequeñas es normal alcanzar las 80 o 90. Además, los perros presentan una arritmia fisiológica ligada a la respiración que, en la mayoría de los casos, no supone ningún problema.

4. Hay razas con corazones más delicados

Las razas puras presentan una mayor predisposición genética a determinadas enfermedades cardíacas. Bichón maltés, yorkshire terrier, chihuahua o cavalier king charles spaniel son algunas de las más afectadas por enfermedades valvulares, mientras que otras razas presentan predisposición a patologías diferentes.

5. Hay comportamientos que parecen normales… y no lo son

Uno de los primeros síntomas de una enfermedad cardíaca puede ser que el perro deje de correr como antes, se canse durante los paseos o respire más deprisa mientras descansa.

«Muchos propietarios creen que simplemente se está haciendo mayor, pero esa pérdida progresiva de actividad puede ser la primera pista de una cardiopatía», señala Santana.

6. Dormir peor también puede ser una señal

Algunos pacientes con enfermedades cardíacas avanzadas presentan respiración acelerada o tos durante la noche, lo que dificulta el descanso. En otros casos, son precisamente los propietarios quienes detectan estos cambios mientras el animal duerme.

7. ¿Por qué un perro tose si el problema está en el corazón?

Aunque la tos suele asociarse a enfermedades respiratorias, también puede aparecer en pacientes con determinadas cardiopatías, especialmente cuando existe congestión pulmonar o problemas respiratorios asociados. Por eso nunca conviene restarle importancia si aparece de forma persistente.

8. La salud dental también protege el corazón

Las enfermedades periodontales favorecen el paso de bacterias al torrente sanguíneo y aumentan el riesgo de infecciones cardíacas graves. De hecho, en algunos pacientes es necesario realizar primero una limpieza dental antes de una cirugía cardiovascular para reducir el riesgo de complicaciones.

9. La hipertensión también existe

Una presión arterial elevada obliga al corazón a trabajar con más esfuerzo y puede acelerar la evolución de algunas enfermedades cardiovasculares. Además, también puede afectar a órganos como los riñones, el cerebro o los ojos, por lo que su control resulta fundamental.

10. Los veterinarios escuchan sonidos que un propietario nunca puede oír

Durante una revisión rutinaria, el fonendoscopio permite detectar soplos, arritmias o alteraciones del ritmo cardíaco antes incluso de que aparezcan síntomas evidentes.

«Muchas cardiopatías se descubren durante una simple exploración clínica. Por eso las revisiones veterinarias son tan importantes, especialmente en animales mayores o en razas predispuestas», afirma Alexis Santana.

Para el especialista, el mejor tratamiento sigue siendo el diagnóstico precoz.

«Si un perro cambia su nivel de actividad, respira diferente o presenta síntomas que antes no tenía, merece la pena acudir al veterinario. Detectar una enfermedad cardíaca a tiempo permite ofrecer muchas más opciones de tratamiento y mejorar su calidad y esperanza de vida», concluye.

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