Pedro Sánchez participa este martes 7 de julio en la cumbre de la OTAN en Ankara, una reunión marcada por el aumento del gasto militar, la guerra en Ucrania y la presión de Donald Trump sobre los socios europeos. España llega a la cita con la intención de defender su papel dentro de la Alianza y responder a las críticas por no asumir el objetivo del 5% del PIB en defensa.
España busca defender su contribución a la Alianza
El Gobierno sostiene que España cumple con sus compromisos de capacidades dentro de la OTAN y que su aportación no puede medirse únicamente por el porcentaje de gasto. Entre los argumentos que Moncloa quiere poner sobre la mesa figuran la participación española en misiones aliadas, su presencia en el flanco oriental y el incremento de la inversión en defensa desde 2020.
La cumbre llega en un momento especialmente delicado. Trump ha elevado el tono contra varios aliados europeos y ha criticado de forma directa a España por su posición ante el gasto militar. En este contexto, Sánchez acude a Ankara con una estrategia clara: defender que la seguridad no depende solo de una cifra, sino de capacidades reales, despliegues y compromisos sostenidos.
Ucrania, drones y rearme europeo
La reunión de Ankara también estará centrada en Ucrania y en el refuerzo de la industria militar europea. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha anunciado inversiones aliadas en capacidades antidrones durante los próximos años, una prioridad creciente tras el uso masivo de estos sistemas en conflictos recientes.
La defensa aérea se ha convertido en uno de los grandes asuntos de seguridad del continente. Rusia continúa atacando territorio ucraniano con misiles y drones, mientras Kiev reclama más sistemas de interceptación.
La cumbre de Ankara puede marcar un punto de inflexión en la relación entre España, Estados Unidos y la OTAN. Sánchez llega con el reto de explicar su posición sin quedar aislado en una Alianza cada vez más exigente y condicionada por la guerra en Ucrania.












