No me digan que no es sorprendente y paradójico la muerte de Tejero el mismo día que el Gobierno desclasifica los documentos del 23-F y cuando toda España está hablando de lo que ocurrió el 23 de febrero de 1981. Siempre me han parecido curiosas estas coincidencias sincrónicas, sin conexión causal aparente pero que ocurren simultáneamente desafiando toda lógica.
Tenía solo 13 años cuando todas las máquinas de escribir se pararon de golpe en la Academia de taquigrafía y mecanografía de Tere y Ángel, aquí en Guadalajara, en la Travesía de Santo Domingo. Aprendí a escribir a máquina y en taquigrafía tempranamente, en esta academia al uso, al estilo tradicional y a base de repetir columnas y filas de letras colocadas en el teclado: asdfgh-ñlkjh poiuy-qwerty mnbv-zxcvb se impresionaban sobre el papel presionando una a una las teclas contiguas en una determinada fila de la máquina. Y así una y otra vez, fila por fila del teclado de aquellas viejas máquinas Hispano Olivetti Studio 46 que habían comprado Angel y Tere con mucho esfuerzo.
Siempre me apasionó escribir en aquellas máquinas de otro tiempo en las que tenías que pulsar con fuerza para que quedase marcado en aquellos folios que quedaban marcados de letras y que luego iban directos a la papelera. ¿Y la Taquigrafía?, algunos no sabréis ni que es esto. La taquigrafía es un método de escritura que se basa en el uso de símbolos para escribir tan rápido como se habla. Este sistema se utilizó por muchos años para tomar notas de discursos y entrevistas. Se dice que la taquigrafía es tan antigua como las primeras civilizaciones que contaban con un idioma formalmente establecido por la necesidad de anotar discursos y debates y que llevaron a buscar métodos para poder registrar cada palabra sin perder la esencia del discurso, es así que se crearon sistemas con signos más sencillos para escribir tan rápido como el habla. Su nombre viene de dos vocablos griegos que son taxos (rapidez) y grafos (escritura), esta técnica se conoció por primera vez durante la época del historiador griego Jenofonte para transcribir la vida de Sócrates recopilada por tradición oral. Fue utilizada por los fenicios y por los romanos desde la época de Cicerón.
Y volviendo al 23 de febrero de 1981. Aún recuerdo como Tere, la profesora, no dijo, con vox sería y asustada, justo a las 18.35 h.: “paren ustedes de escribir, recojan sus abrigos, y vayan a sus casas directamente sin parar a hablar con nadie”. No podré olvidar aquel instante, ni por supuesto cuando llegué a casa y pregunté qué había ocurrido. 45 años después el Gobierno de Sánchez ha decidido desclasificar los documentos secretos de la intentona golpista del 23F, 45 años después del asalto de Antonio Tejero y los suyos al Congreso de los Diputados para según dice el presidente “saldar así una deuda histórica con la ciudadanía”. El Gobierno cree que la difusión de estos documentos, que estaban en poder de los ministerios de Defensa, Interior y Asuntos Exteriores y que ya puedan ser consultados libremente en la web de la Moncloa desde ayer; ya no suponen «un riesgo real y presente» y ha decidido publicarlos porque mantenerlos secretos bajo una ley franquista supone una «anomalía democrática» y, en palabras del jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, «la memoria no puede estar bajo llave».
Sánchez nos tiene acostumbrados ya a este tipo de cortinas de humo que enmascaran la realidad y el futuro judicial que vive él y los suyos. Esta durará unos días y luego vendrá otra y luego otra y luego otra; son estrategias de corto recorrido para adormecer, despistarnos y tapar su cruda verdad. En esta ocasión no les ha salido bien porque consideraban que iba a ser una medida contra el Rey y contra la Transición y le ha salido el tiro por la culata, pues no queda acreditado que el Rey Juan Carlos formó parte del golpe.
Esta des clasificación selectiva a conveniencia y sugerida por Sánchez no nos sirve de nada a los españoles; lo que realmente queremos que desclasifique es los viajes en Falcon a la República Dominicana, o su relación de sumisión con Marruecos tras el Pegasus, o sobre qué ocurrió con el apagón, o sobre el asunto Plus Ultra, o las pruebas del accidente en Adamuz que se llevó de madrugada y sin autorización judicial, o lo del asunto Ábalos y Koldo, o lo de su hermano, o lo del pasaporte de su mujer; y tantos y tantos asuntos que serían interesantes para los españoles desclasificar.
Antonio de Miguel












