Aparte sus creencias contra el “desolvido”, nada obsesivas ni de “materia” extraña, el ser humano que me alumbró, tenía íntimos y sólidos conceptos acerca de la maldad y bondad de la mente cambiante del ser humano, de su “sino”—creía— y de la inutilidad de muchas actitudes, esfuerzos y sacrificios por cambiar ese “sino”… Con su paz triste, penosa y cierto desasosiego por sus muchos días cansados y el “rastro” que le dejaron las injusticias sufridas, no tan lejanas…; aquella mujer, hasta con los gestos de sus manos y dolores del habla, solía repensar y explicar que: “ siempre ha habido y habrá seres que vienen a este mundo con todas las disposiciones escritas en su sangre, para desenvolverse en su papel de delincuentes o criminales; porque todos y cada uno de los seres desempeñamos nuestro papel en el mundo, y cada cual en función de su conciencia, fija en sus adentros sus buenas o malas entrañas, pero casi siempre hay que perdonar al pobrecico que roba cosas de comer por el hambre que esté pasando…”.
El delincuente, analizada la conducta o comportamiento de los individuos que forman parte de una comunidad o territorio y sus fines nada éticos, colaborativos, leales…, se suelen calificar como “estratos” de sujetos que infringen, sin compunción ni arrepentimiento, las normas de convivencia y deberes establecidos en la congregación o sociedad. Cada individuo, en base al concepto-sentimiento de sí mismo y del grupo…, se forja en su trasfondo, su propia ética o moral, que le hará comportarse honesta o despreciablemente… Códigos antiguos, al tener la delincuencia contenidos diferentes, animales y cosas también solían aparecer como delincuentes… Un fuero de Navarra disponía: “se penará a caballo que matare a hidalgo, franco, villano, moro o judío porque aquella bestia es omicera y debe el omicidio…”. No fueron pocos los procesos medievales, (a la par que se proclamaban Cedulones y pregones para expulsar a haraganes y rayeros de los pueblos) contra roedores e insectos ortópteros como la langosta, “arruinadores de cosechas”…: “…, que por cuanto por esta cibdat rufianes e vagabundos que se faga pregón que se fallan de la cibdat…”. (Actas concejiles, 28 de Marzo 1421. Palencia).
El amplio espectro del “universo” del delincuente, (diferenciados “dinosaurios velociraptor” de hábil y fuerte garra) “ingresa” en una esfera puramente sociológica en el siglo XIX. Andando el tiempo, la concepción de la delincuencia y del delincuente, (no de los de “punta en blanco”, como dijera aquella sagaz matrona) se empieza a estudiar como “anormalidad biológica, con anomalías y distonías nerviosas y cerebrales adquiridas, considerando la delincuencia como una realidad social, que dimana de la estructura disfuncional de la sociedad y que a la vez influye y distorsiona la armonía de las comunidades humanas”.
Hoy se analiza—cuando se analiza—al delincuente de forma individual, mediante consideraciones de los diferentes factores concurrentes, para determinar y juzgar sus actos circunstanciales, biológicos, patológicos, sociales… Actualmente, en gran medida, la delincuencia (con “contrato fijo”) está estructurada e instaurada en la sociedad en clanes y cuadrillas de atracadores, traficantes, mafiosos, drogadictos, timadores, descuideros, estafadores, holgazanes, gandules… La mayoría de éstos de carácter violento, carentes de valores…; con lealtad a sí mismos y a la pandilla, sin mostrar remordimiento alguno por las víctimas de sus actos delictivos; viviendo por y para la delincuencia, sin respetar ni importarles ninguna norma social… Y las lesiones y destrozos causados a sus conciudadanos y a sus bienes, para ellos carecen de importancia.
La flexibilidad de reformas políticas y legislaciones penales, con sistemas penales de “holganza”, que si bien deben ir encaminados a corregir y “reencaminar”, pero también a “castigar” cuando corresponda, vienen siendo medidas de “profilaxis” social, que no están arrojando halagüeños resultados respecto de unos sujetos y camarillas, que utilizan y adoptan (al ser “trincados”) estrategias de confusión y persuasión, para obtener resultados y fallos favorables en los procesos y sentencias… No obstante, y mientras los SISTEMAS van interviniendo la “hiperplasia” de la delincuencia, una eficaz vigilancia resultaría de un gran valor, respecto de la tranquilidad y seguridad ciudadanas, en determinados ámbitos poblacionales que se encuentran muy soliviantados y mortificados en su estatus y jurisdicción, frente a una “fauna coleccionista de faltas y delitos” que, frecuentemente ejecutan con gran agresividad contra las personas y su patrimonio, e ingresan en prisión (¡cuando ingresan!) en cárceles “humanizadoras”…; sobre las que legisló el Rey Sabio: “…, la cárcel deue ser para guardar los presos e non para facerles enemiga, nin otro mal, nin darles pena en ellas…”.
Salvador Jiménez Ramírez











