Celebramos el Día de los Abuelos y las Abuelas. Una fecha para reconocer a quienes han sido —y siguen siendo— refugio, consejo, ternura y protección para muchas generaciones.
Desde la Asociación Europea Liderazgo y Calidad de la Educación hemos querido poner en valor su figura promoviendo concursos de relatos sobre los abuelos y las abuelas. Porque detrás de cada historia hay una memoria, una enseñanza, una mano tendida y, muchas veces, una infancia que se sintió más segura gracias a ellos.
Son memoria viva, raíces y experiencia. Han cuidado, acompañado, educado y sostenido a sus familias. Han estado cuando más se les necesitaba. Pero reconocer su importancia no puede limitarse a una celebración o un homenaje.
Nuestros abuelos y abuelas tienen derechos. Y esos derechos no pueden depender de la suerte, de la familia que cada persona tenga, del lugar en el que viva o de la capacidad económica de cada hogar.
Tienen derecho a una atención sanitaria adecuada, accesible y digna. No podemos normalizar la falta de camas cuando una persona necesita atención hospitalaria, las demoras en la atención sanitaria o que las familias tengan que enfrentarse solas a situaciones de dependencia y enfermedad.
También tienen derecho a recibir atención en su propio domicilio cuando la necesitan. La atención domiciliaria debe ser suficiente y de calidad. No podemos aceptar que una persona mayor pase horas y días en una situación de soledad no deseada porque no existen los apoyos necesarios. La soledad no deseada no es un problema privado: es una realidad social que exige respuestas públicas.
Igualmente, tienen derecho a recibir cuidados paliativos cuando llega el final de la vida. Una atención digna exige que nadie tenga que afrontar un sufrimiento evitable por falta de equipos, profesionales o recursos suficientes. Morir con dignidad también forma parte de una vida digna.
Pero hablar de los derechos de las personas mayores exige también mirar hacia nuestros pueblos y hacia el mundo rural.
Vivir en un pueblo no puede significar tener menos derechos. La distancia no puede convertirse en una barrera para acceder a la sanidad, a los servicios sociales, a la atención domiciliaria, a los cuidados o a una vida acompañada y digna. Las personas mayores que viven en nuestros municipios rurales tienen derecho a recibir una atención de calidad sin verse obligadas a abandonar su entorno, sus raíces y la comunidad en la que han construido su vida.
Y debemos prestar una atención especial a las mujeres mayores del mundo rural. Mujeres que han trabajado, cuidado y sostenido durante décadas a sus familias y a sus pueblos. Mujeres cuya contribución muchas veces no ha sido suficientemente reconocida y que, al llegar a la vejez, pueden enfrentarse a una desigualdad acumulada, a la soledad y a mayores dificultades para acceder a los servicios y apoyos que necesitan.
Ellas también tienen derecho a ser escuchadas, atendidas y cuidadas. Tienen derecho a envejecer con dignidad en sus pueblos si así lo desean. Tienen derecho a que la falta de servicios no las obligue a abandonar su hogar. Tienen derecho a no ser invisibles.
Por eso, en el Día de los Abuelos y las Abuelas, queremos reivindicar algo tan sencillo como esencial: el cumplimiento efectivo de sus derechos.
No basta con decir que nuestros mayores son importantes. Hay que garantizarles una atención sanitaria adecuada. Hay que reforzar la atención domiciliaria. Hay que combatir la soledad no deseada. Hay que ampliar y fortalecer los equipos de cuidados paliativos. Hay que asegurar servicios suficientes en el mundo rural. Y hay que reconocer y atender las necesidades específicas de las mujeres mayores que viven en nuestros pueblos.
Porque nadie debería tener que reclamar como un privilegio aquello que es un derecho.
Cuidar a nuestros abuelos y abuelas es cuidar nuestra memoria. Respetarlos es respetar nuestra propia historia. Pero garantizar sus derechos es, sobre todo, construir la sociedad en la que todos queremos vivir.
Vivir en un pueblo no debe significar tener menos derechos. Y ser una mujer mayor no puede significar ser invisible.
Nuestros mayores no son únicamente pasado. Son presente. Son dignidad. Son vida.
Y por eso, hoy y todos los días, debemos decirlo alto y claro:
OFREZCAMOS DERECHOS, CORAZÓN Y FUTURO.
Ascensión Palomares Ruiz, Catedrática y defensora de los derechos de las personas mayores. Presidenta de la asociación Europea Liderazgo y Calidad de la Educación












