La tradición, la cultura manchega y el vínculo con las raíces tomelloseras estuvieron presentes en el XXXII Festival de la Vendimia y Proclamación de Dulcinea, celebrado en el Ayuntamiento de Benidorm y organizado por la Casa de la Mancha y su comarca de Benidorm.
El acto contó con la participación de representantes municipales de la corporación benidormense y estuvo presidido por la concejal de Fiestas, Mariló Cebreros. En representación del Ayuntamiento de Tomelloso asistió la teniente de alcalde, Eloísa Perales, mostrando así el respaldo institucional a una celebración que mantiene vivo el vínculo entre los manchegos residentes fuera de Castilla-La Mancha y sus lugares de origen.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue el pregón pronunciado por Alejandro Ramírez Soriano, que ejerció como Mantenedor-Pregonero de esta edición del festival. Durante su intervención, realizó una emotiva semblanza sobre Tomelloso y Benidorm, dos localidades unidas por historias personales, culturales y humanas.
El pregón estuvo cargado de referencias al arraigo, a las costumbres y a la importancia de conservar las tradiciones manchegas. Ramírez Soriano puso en valor el sentimiento de pertenencia y la riqueza cultural de una tierra marcada por la vendimia, el vino y las expresiones populares que han pasado de generación en generación.
La música también tuvo un papel destacado durante la celebración. El acto comenzó con la interpretación de la jota de la Vendimia y concluyó con la jota El Candil, acompañando una jornada en la que el folclore volvió a convertirse en uno de los principales protagonistas.
Durante su intervención, el pregonero quiso rendir homenaje a Juan Torres Grueso con la lectura de uno de sus poemas, incorporando al acto un recuerdo cargado de emoción y reconocimiento hacia una figura vinculada a la cultura y las letras.
Otro de los momentos destacados fue la entrega de unos lotes de vino donados por Bodegas Almazara Virgen de las Viñas, un gesto con el que se quiso homenajear a los vinos de Tomelloso y al papel que la tradición vitivinícola tiene dentro de la identidad del municipio.
La jornada finalizó con la actuación del grupo folclórico de La Roda, que interpretó diferentes piezas de su repertorio, poniendo el broche musical a un festival que volvió a reunir a la comunidad manchega en Benidorm alrededor de sus costumbres y sus señas de identidad.
El Festival de la Vendimia y Proclamación de Dulcinea continúa siendo un punto de encuentro para quienes mantienen vivo el vínculo con Castilla-La Mancha desde otros territorios, reforzando la presencia de municipios como Tomelloso a través de su cultura, sus tradiciones y uno de sus símbolos más reconocidos: la vendimia.






Pregón de Alejandro Ramírez:
PREGON. FIESTA DE LA VENDIMIA
BENIDORM. 26 DE SEPTIEMBRE DE 2026
(suena la jota La vendimia, primera estrofa y estribillo)
Buenas tardes, no podían tener mis palabras mejor antesala, que la primera estrofa y el estribillo, de esta bonita jota manchega llamada Jota de la Vendimia, que tantas veces ha sonado en nuestras vendimias manchegas, bailada al son de nuestro instrumento más particular, como es la sartén, en las quinterías de antaño.
Pero, si me lo permitís, quiero saludar, en primer lugar, al señor alcalde de Benidorm, D. Antonio Pérez Pérez, a Dª Eloisa Perales, teniente Alcalde del ayuntamiento de Tomelloso, a la corporación de esta bonita ciudad alicantina que hoy nos acoge, a Dª Loren, como presidenta de la Casa de la Mancha, de aquí de Benidorm y su comarca, así como a su junta directiva, y a todos aquellos que la formáis. Muchas gracias por vuestra invitación. Y como no, a nuestro celestino particular, como es nuestro querido Marcos Galván. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de mandar un saludo también especial, a todos aquellos que en esta tarde nos acompañáis, que habéis llegado desde tierras manchegas, y aquellos que ya tenéis esta tierra como vuestra cuna de acogida, y desde donde nos brindáis la oportunidad de poder celebrar con vosotros las diferentes fiestas que celebráis, permitiéndonos así de esta manera unir y estrechar lazos de amistad y concordia, entre los diferentes pueblos.
Antes de seguir con mis palabras, y ponerme manos a la obra, en la “faena encomendada”, no debería pasar la oportunidad, de ponerme precisamente en ese lugar que me habéis otorgado como mantenedor-pregonero de esta bonita fiesta de la Vendimia, sin rendir un pequeño homenaje a nuestras raíces, poniéndome su característica blusa, y el pañuelo de hierbas, que estoy seguro harán fluir con mayor intensidad y emoción mis palabras, por lo tanto, voy a proceder a revestirme como la ocasión se requiere, para este momento tan especial, poniéndome la blusa y el pañuelo……. (me pongo blusa y pañuelo)
Corre y brinca en el lagar,
la sangre de la mañana,
y se embadurnan los mostos
con oro pálido, caña,
tinto, clarete, garnacha.
Cómo danza en la bodega
-sinfonía de tinajas-
esa alegre borrachera
de cifras y de nostalgias.
Son versos, correspondientes al poema Vendimia, de Juan Torres Grueso, poeta manchego, y arquitecto de palabras que supo dibujar como nadie los campos manchegos, sus tierras áridas, así como esos amaneceres llanos que se deslumbran en la inmensidad, para que al final del día, nos proporcione una de las cosas más bonitas que tiene la mancha, que no es otra cuestión, que ese crepúsculo de colores, que nos lleva a atardeceres, que solo allí podemos presenciar.
No puedo empezar hablar de la Vendimia, sin hablar en ese contexto que fue en el que nací. Era octubre, cuando la escarcha ya hacia presencia en las pámpanas, un “arremates” vendimias, vine a este mundo un 10 de octubre, en la época en la que, durante la festividad de la Virgen del Pilar, aun se daban los últimos pistoletazos de vendimia en aquellos que se habían quedado más “rezagados”, por haber tenido una cosecha más elevada de la esperada, o porque la falta de personal había hecho que se alargase la situación. Mi padre, ya me conoció unas horas después, cuando en uno de esos “acarreos”, tuvo a bien coincidir con la descarga en el lagar, y asomarse a ver a su primogénito. Esta onomástica tan vinícola, ha sido la causante de que muchas de mis celebraciones las haya pasado “mosteado”, entre cepa y cepa.
De esta manera puedo decir que he sido hijo, nieto, bisnieto, de agricultores que generación tras generación han venido trabajando la tierra, que han heredado de sus antecesores, como fruto del trabajo de toda una vida.
Pero no solo de la mancha, de sus campos y tierras, de esa afanosa vendimia que estos días llena de trajín los pueblos de la mancha, con sus quehaceres cotidianos, quisiera yo hablaros. Vengo, de lo que tienen a bien llamar el Atenas de la Mancha, por ser cuna de pintores, escritores, de artistas que hacen una semblanza, ya sea con pinceles o palabras de nuestros paisajes. Pero ahora que Don Quijote y Sancho Panza cabalgan por estas tierras, y tienen en Dª Elisa Choza su Dulcinea, pongámonos a escuchar con nuestro corazón, y vamos a resucitar en él aquellos momentos que la nostalgia nos trae a la memoria, y resucita palabras, que nos emociona el alma.
Quiero que el campo manchego, con su llanura templada, se funda con la mar, y que sean las olas las que nos traigan a las orillas, los recuerdos y vivencias que resuenan en nuestra memoria, como recuerdo de ese legado que nos han dejado aquellos que nos precedieron, pero que hoy nos traen a esta bonita tierra, dibujando un bonito arcoíris que atraviesa toda la campiña manchega, con sus campos de vides y trigales, para aterrizar aquí, en Benidorm.
Pero quiero saborear, desde esas entrañas que lo ven nacer, a ese vino tinto de la mancha, o a ese blanco añil, que ha pasado de elaborarse en tinajas de barro y cemento, en cuevas picadas bajo tierra, que impregnaban con ese olor a mosto que se fugaba por las lumbreras; a esa gran bodega, que nos avala cada año con sus cosechas, como una de las mejores de Europa. Virgen de las Viñas, lleva por nombre, no podía ser de otra manera, a Ella la llaman guardiana de los campos manchegos, protectora de la tierra y de agricultores, que en esta tarde extiende su manto, lo echa a la mar, y lo recoge la Virgen del Naufragio (Mare de Déu del Sofratge), que desde su iglesia de San Jaime y Santa Ana, abraza desde hace siglos, a todo aquel que se acerque a Ella.
Pero ahora, es ese Balcón del Mediterráneo quien nos saluda, y se asoma entre candiles a ver nuestras raíces. Y ese mar de pámpanas, de veredas llenas de rodas, o lo que es lo mismo esa huella o surco profundo que dejan las ruedas del tractor a su paso; de bombos, icónica arquitectura propia de nuestra tierra, de cuadras desiertas de animales, que dieron lugar a esa gran revolución agrícola, llena de maquinarias, de regadíos y de emparrados, cuyas uvas suben desde la tierra y besan el cielo.
Mientras tanto nuestras seguidillas, nuestras jotas más tradicionales se bailan en el Parque de Elche, y dan lugar al «Ball del Peuet», que se oyen desde el paseo de los gatos donde se funden cultura, arraigo, donde huele a mediterráneo o donde puedes saborear lo más manchego. Porque es, ese perfume de escarcha mojada, la que te lleva a comer nuestro mejor queso manchego, o nuestro querido melón, otro igual no vas a saborear, pero como estamos ya en este tiempo, no te pierdas nuestras migas de gañan, gachas manchegas o ese pisto universal, que con productos de la huerta valenciana puedes elaborar.
Pero el agua de la mar, el aire que se respira en el balcón, o el fuego de San Juan, nos invita a caminar y a danzar en las hogueras, a festejar los moros y cristianos, a reivindicar nuestras tradiciones, aquellas que generación tras generación, se han ido pasando de padres a hijos, de abuelos a nietos, y que ahora tenemos la responsabilidad de conservar como parte de un legado heredado, para poderlo transmitir a generaciones venideras. Así se recoge en nuestras fiestas más populares, y en esta Fiesta de la Vendimia, cuya aportación enriquece más aun a esta población, o en nuestras devociones más populares, porque no es fervor y devoción más agradecido, que aquella que en gratitud se celebra rodeada de miles de fieles, y nuestros pueblos manchegos están llenos de romerías, de fiestas patronales, que nos devuelven esa fraternidad y esa concordia que los pueblos nunca deben de olvidar.
Vendimias, verdes pámpanas, sarmientos con relente, anaranjados amaneceres, uvas escarchadas, mosto que te dibujas en tierras áridas, sinfonía de surcos, que se vislumbran en amarillentos atardeces, y como no podía ser de otra manera, Ella, Santísima Virgen de las Viñas, cuyos romeros te llevan en volandas en peregrinaciones multitudinarias, en ese último domingo de abril, que recorres castilla, pero mientras tanto, tus oraciones llegan más allá de las fronteras que te vieron nacer; Ibi, Alcoy, Gandía, Cullera, Benidorm, Alicante, Valencia,…..no hay distinción para tu devocación pues son muchos los que desde estas tierras valencianas cada año te visitan y buscan tu protección.
Pero quien me conoce, sabe que así no puedo terminar, y algo de dulce os tengo que regalar, eso que nos deja el mosto, que, en mi comarca, y con el permiso de D. Marcos y sus tortas de Alcazar, hoy y aquí, torta de mosto la vamos a llamar, pero que en un trueque por un bollo de San Blas os puedo cambiar. Ya que se, que aquí también sabéis eso de estómago llenar, pues con el arroz con boquerones, o vuestro típico Pebrot, nos podemos quedar.
Vamos a ir terminando, que ya lo dice el refrán “Vámonos padre, que esta gente se querrá acostar, y estamos de visita y no está bien, que nos tengan que echar.” O como bien dicen por estas tierras «En Benidorm, el que mucho desvela, poco duerme».
(suena la estrofa de la jota El Candil)
Ahora sí que el Candil se va apagando, este trozo de vendimia venido a Benidorm se va rematando, pero aquí con mis palabras, dejo para ustedes mi corazón entregado.
Muchas gracias Benidorm¡¡¡¡ Viva la Mancha¡¡¡
Viva Benidorm y su Fiesta de la Vendimia¡¡











