Mientras parte de Tomelloso disfrutaba la noche del sábado 17 de enero celebrando San Antón al calor de las hogueras, 83 alumnos y alumnas del IES Eladio Cabañero hacía planes bien distintos: volver pronto a casa para arrancar, de madrugada, un viaje a Andorra con un objetivo claro: aprender a esquiar y exprimir la experiencia al máximo.
El desplazamiento reunió a alumnado de 3º de ESO, 4º de ESO y 1º de Bachillerato, acompañado por cinco docentes. La salida se puso en marcha en la noche del sábado al domingo, con un horario que no perdona: a las 4:30 de la madrugada ya estaba el grupo en ruta. Para algunos era repetir una excursión conocida; para otros, era el primer paso dentro de ese “difícil pero maravilloso mundo del esquí” que engancha a la primera caída… y a la primera bajada bien hecha.
La actividad deportiva se concentró en la estación de Pal-Arinsal, donde el grupo inició un ritmo constante de aprendizaje: tres horas diarias de clases de esquí. El jueves, ya en el último día de formación, el balance fue especialmente positivo: el alumnado mostró “un gran nivel” y pudo disfrutar del premio final, bajando por pistas algo más exigentes y con vistas de postal que se quedan grabadas incluso cuando se vuelve al aula.
Pero el viaje no se quedó solo en lo deportivo. También fue una semana de convivencia, de esas que ordenan al grupo por dentro. En el día a día, el alumnado demostró “gran compromiso” cuando tocaba arrimar el hombro: coordinarse para recoger y repartir material, respetar tiempos, y funcionar como equipo cuando más falta hacía. En pocas palabras: menos postureo y más compañerismo del bueno.
Desde el punto de vista del profesorado, hubo un detalle que no se pasó por alto: el “buen comportamiento” y la colaboración constante. De hecho, los docentes que participaron en la actividad subrayaron que con un grupo así “harían más viajes sin pensarlo dos veces”, una frase que resume el clima de respeto y la actitud general durante toda la estancia.
Al cierre, queda la sensación de haber vivido algo más grande que una simple salida escolar: una experiencia redonda, con aprendizaje real, convivencia y recuerdos compartidos. En definitiva, uno de esos viajes que, como se suele decir, “dejan huella” tanto en el alumnado como en el equipo docente.
















