Dionisio Cañas afronta con una emoción especial su regreso como mantenedor de la Fiesta de las Letras de Tomelloso, una responsabilidad que ya asumió hace casi cuatro décadas y que ahora recupera coincidiendo con el 75 aniversario de esta celebración cultural.
Para Cañas, la designación supone un reconocimiento que ha recibido con sorpresa, gratitud y, sobre todo, con un marcado componente sentimental. «¿Qué he hecho yo para merecer esto? Sería la primera pregunta», señala con naturalidad, antes de reconocer que para él supone «un gran honor» formar parte de una edición tan significativa.
El paso del tiempo ha convertido esta nueva experiencia en algo muy diferente a la primera. Han cambiado el mundo, Tomelloso y también el propio Dionisio Cañas. «Yo ya fui mantenedor hace casi 40 años y, claro, el mundo ha cambiado mucho, Tomelloso ha cambiado mucho para bien y yo he cambiado mucho», explica.
Esa perspectiva temporal estará muy presente en su intervención. El regreso a la Fiesta de las Letras le permite mirar hacia atrás y repasar una relación personal que va mucho más allá de un acto concreto.
Un discurso marcado por la relación con Tomelloso
Dionisio Cañas reconoce que la preparación del discurso ha tenido una carga emocional mayor de lo habitual. No se trata, en esta ocasión, de una intervención académica o de una clase, ámbitos en los que se siente plenamente cómodo, sino de dirigirse al conjunto de la ciudadanía.
«Es emocionante doblemente porque es como repasar mi relación con la Tierra, con Tomelloso, con las personas, etc.», apunta.
El propio mantenedor explica que uno de los principales retos ha sido conseguir que sus palabras tengan un carácter abierto e integrador. «Esto no es como dar una clase, que yo la doy con los ojos cerrados, sino dirigirse a toda la población












