La Biblioteca Municipal Francisco García Pavón acogió ayer un encuentro literario con el escritor Víctor del Árbol, una de las voces más reconocidas de la narrativa española actual y referente del género negro. El autor presentó su última novela, Las buenas intenciones, en un acto que reunió a numerosos lectores y en el que también intervinieron la concejala de Cultura, Inés Losa, y la directora de la biblioteca, Carmen Labrador.
La concejala dio la bienvenida al escritor recordando el profundo vínculo de Tomelloso con la literatura policíaca. “Recibir a un Premio Nadal en la casa de otro Premio Nadal como Francisco García Pavón es un auténtico honor”, afirmó. La biblioteca de la localidad es “el kilómetro cero de la novela negra española, el lugar donde nacieron Plinio y don Lotario, personajes que abrieron camino a todo un género”, señaló Losa, que destacó el privilegio de contar con un autor de prestigio internacional “apenas unos días después de publicar su nueva obra”.
Inés Losa incidió en que la presencia de Víctor del Árbol “tiende un puente entre la tradición de García Pavón y la narrativa contemporánea”, y reafirma a Tomelloso como ciudad de libros y como cuna de la novela policíaca en España.
Víctor del Árbol, galardonado con el Premio Nadal en 2016, muy agradecido con la acogida subrayó el simbolismo de celebrar el encuentro en una biblioteca pública: “Soy hijo de las bibliotecas; me hice lector en una de ellas y creo profundamente en la cultura como espacio compartido”. El escritor recordó la tradición del género negro español, iniciado en los años sesenta por García Pavón y continuada por autores como Vázquez Montalbán, y se declaró heredero de esa mirada “que utiliza el crimen para hablar de la condición humana”.
De su nueva novela, Las buenas intenciones, explicó que gira en torno a la búsqueda de la verdad y la identidad: “Mis historias hablan de las raíces, de los traumas y de los errores que nos acompañan toda la vida”. Del Árbol defendió además el contacto directo con los lectores como parte esencial del oficio: “Escribir es un trabajo solitario, pero cobra sentido cuando lo que cuentas emociona a otros”.
Durante la conversación, el autor evocó sus referentes literarios —de Dostoievski a Camus— y su propia trayectoria vital, marcada por su paso por el seminario y por veinte años como policía, experiencias que, según afirmó, alimentaron su “sentido de la justicia” y su interés por “dar voz a los perdedores de la historia”. Algo que tiene sus raíces en la lectura, siendo aún un niño, de la Iliada, sintiéndose más cercano a Héctor que a Aquiles.
El acto concluyó con un animado diálogo con el público y con la firma de ejemplares de Las buenas intenciones.
Antes del encuentro, el autor tuvo oportunidad de visitar una típica cueva bodega tomellosera, destacando la importancia del patrimonio que estos espacios tienen y su potencial turístico y literario















