Es imprescindible visitar la localidad de Tomelloso, que, además de contar con una importante representatividad a nivel regional y un potencial patrimonial exclusivo, permite descubrir, a través de su visita y conocimiento, la importante evolución y el desarrollo de la población, especialmente en su sector agrícola.
En Tomelloso resulta fundamental valorar el desarrollo económico de la población y conocer su evolución a lo largo de los años, dedicando una atención especial a su sector agrario.
En este contexto, cabe destacar el gran proceso patrimonial desarrollado durante más de 100 años desde sus primeros orígenes y, especialmente, durante los 70 años de mayor actividad en la elaboración de vinos. Los propios viticultores excavaban cuevas bajo sus viviendas familiares para llevar a cabo la producción y el almacenamiento del vino.
La proliferación de cuevas constituye un proceso histórico ligado a la creatividad y al esfuerzo de los viticultores, quienes lograron establecer pequeñas empresas familiares mediante el almacenamiento de sus cosechas de uva y la elaboración del vino en las conocidas y populares cuevas familiares, situadas en sus propias viviendas.
No se trató de pequeñas experiencias aisladas, sino de una actuación generalizada entre gran parte de los agricultores. En determinados periodos, estas cuevas llegaron a ocupar una parte muy importante del subsuelo de la población. Se calcula que llegaron a existir alrededor de 2.200 cuevas familiares. En 1910, cuando Tomelloso contaba con 17.513 habitantes, ya había aproximadamente 1.900 cuevas.
A las informaciones anteriores sobre la importancia de las cuevas debe añadirse la presencia indispensable de las tinajas destinadas a la elaboración y conservación del vino.
Las primeras cuevas conocidas datan aproximadamente de 1840. Se trataba de pequeñas excavaciones que contenían tinajas de barro de dimensiones reducidas. Sin embargo, la mayor expansión se produjo hacia 1890, momento en el que el número de cuevas comenzó a aumentar considerablemente.
Las tinajas de barro procedían, en su mayoría, de la localidad de Villarrobledo y tenían capacidades variables, desde las 250 arrobas hasta las 450 arrobas.
A partir del año 1916, las tinajas comenzaron a construirse directamente en el interior de las cuevas y pasaron a fabricarse con cemento. Esto permitió aumentar considerablemente su volumen, con capacidades comprendidas entre las 500 y las 1.000 arrobas.
Desde 1961, la construcción de nuevas cuevas disminuyó de manera considerable como consecuencia de la aparición y consolidación de las cooperativas vinícolas, aunque todavía se excavaron algunas durante los años posteriores.
Esta circunstancia provocó que muchas de las cuevas existentes experimentaran modificaciones constructivas y adaptaciones, dependiendo de su ubicación y de las necesidades de cada propietario. En algunos casos se ampliaron las naves y, todavía hoy, pueden encontrarse cuevas que conservan ambos tipos de tinajas: de barro y de cemento.
En el año 2014, un estudio realizado sobre 173 cuevas estableció una longitud media de 108,2 metros, una capacidad media aproximada de 122.384 litros y una profundidad media de 7,9 metros. La fecha media en la que dejaron de utilizarse se situó alrededor de 1980.
En el año 2022 todavía existían alrededor de 665 cuevas. Sin embargo, se estima que únicamente entre 135 y 145 podían ser visitadas. Como ya se ha señalado en otros artículos, muchas desaparecieron debido a la construcción de nuevos edificios, mientras que otras fueron transformadas, en su mayoría, en cocheras.













