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martes, enero 20, 2026
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Tomelloso descorcha la segunda edición de los “100 Vinos Imprescindibles de Castilla-La Mancha”

Wine Up! reunió a bodegas, a una gran crítica y experta en el mundo del vino como la periodista australiana Beth Willard y a las administraciones para reforzar la imagen de una región diversa que compite “de tú a tú”

Tomelloso volvió a oler a vino del bueno. La ciudad fue escenario de la inauguración de la segunda edición del Salón y Galería de los “100 Vinos Imprescindibles de Castilla-La Mancha”, un evento organizado por Wine Up! y patrocinado por el Ayuntamiento de Tomelloso y la Diputación Provincial de Ciudad Real, que convirtió de nuevo a la localidad en punto de encuentro del vino de calidad de la región. En esta edición participaron distintas bodegas de la región con la presencia de dos de Tomelloso: Virgen de las Viñas Bodega y Almazara y Bodegas Verum, reforzando el papel de la ciudad como anfitriona con peso propio dentro del mapa vitivinícola manchego.

El primero en tomar la palabra fue Joaquín Parra, director de Wine Up! y organizador del evento, que resumió el espíritu de la cita con un mensaje directo, sin rodeos y con mirada de mercado: “Era imprescindible lanzar un mensaje de calidad, de calidad de los vinos de Castilla-La Mancha”. En su intervención, Parra defendió una idea que se repitió como hilo conductor de toda la mañana: Castilla-La Mancha es una región “heterogénea” y “rica”, capaz de producir volumen —porque el viñedo y la economía lo exigen—, pero también de competir con etiquetas de alto nivel.

En ese equilibrio entre músculo y excelencia, Parra puso cifras sobre la mesa. Según explicó, el salón reunió cerca de 300 vinos, con una selección previa centrada en los “100 imprescindibles”, y un dato que habla por sí solo: “El precio medio… supera los 20 euros por botella”. Un indicador que, en palabras del organizador, retrata cómo muchas bodegas están apostando por mercados premium y por “competir de tú a tú” con otras regiones.

En cuanto a estilos y variedades, el director de Wine Up! señaló que cada vez se nota más la recuperación de uvas locales y autóctonas. Citó nombres que ya empiezan a sonar con fuerza en catas y guías: tardana, albilla (incluida la albilla manchuela), garnacha tintorera o monastrel, sin olvidar el papel de la airén, a la que atribuyó un peso clave en la identidad regional. Y, a la vez, recordó que también hay trabajo serio con variedades internacionales —chardonnay, sauvignon blanc, viognier, petit verdot o cabernet franc— cuando el objetivo es llegar a consumidores exigentes sin complejos.

La conversación también miró al exterior y a la incertidumbre del mercado internacional. Parra defendió que la región compite con ventaja: “Somos Europa”, afirmó, insistiendo en que el territorio permite producciones rentables y que, con calidad comparable, el coste puede jugar a favor. Eso sí, dejó una frase que sonó a diagnóstico: “Lo único que nos falta es la comercialización”. Para él, precisamente ahí encaja el sentido del salón: agrupar a la bodega de calidad y proyectar una imagen de región capaz de ofrecer vinos “para cualquier consumidor del mundo”.

Tras él intervino la periodista y escritora australiana Beth Willard, que puso el foco en lo que muchas veces no se ve desde fuera. Según explicó, el imaginario internacional asocia La Mancha a tamaño y volumen, pero dentro —dijo— hay auténticas joyas. En su valoración, la selección presentada fue “un reflejo de la diversidad y la calidad”, con vinos de variedades poco conocidas que se están recuperando y estilos muy distintos que muestran el momento creativo que vive la zona.

Willard subrayó además el componente de innovación: productores que “juegan” con recipientes y crianzas diversas, desde tinajas hasta depósitos de cemento u hormigón y distintas maderas. Y adelantó su intención de seguir contando lo que ocurre en la región para contribuir a un cambio de percepción: quiere hablar más de calidad y de historias, porque —vino en mano— La Mancha tiene “mucho que contar” y “merece la pena descubrir” todo lo que ofrece.

A partir de ahí, la conversación entró en el terreno de las tendencias. La periodista evitó el término “moda” como algo superficial y prefirió hablar de un camino lógico: vinos más frescos que expresen mejor el terruño. También defendió el auge de las variedades autóctonas por algo muy simple: tradición, adaptación al territorio y respuesta a los cambios climáticos. En un sector tan competitivo, remarcó, ese enfoque marca diferencias.

En el turno institucional, la vicepresidenta primera de la Diputación Provincial de Ciudad Real, María Jesús Pelayo García, agradeció el trabajo de la guía y la utilidad de iniciativas que ayudan a “poner de moda” los vinos de la tierra. Puso como ejemplo el papel de la provincia dentro del sector y recordó el impulso a eventos clave, con mención a FENAVIN, que calificó como “la feria del vino español más importante del mundo”. Reivindicó, además, el valor añadido que acompaña a cada copa: no solo calidad, también historia, agricultores, raíces y tradición. Y dejó un mensaje claro de respaldo institucional a este tipo de proyectos, con colaboración económica incluida.

A continuación, Amparo Bremard, delegada de la Consejería de Agricultura en la provincia de Ciudad Real, insistió en la importancia de apoyar estas iniciativas porque contribuyen a situar los vinos de la región “en el candelero”. Recordó la potencia del territorio vitivinícola y destacó la diversidad como uno de los grandes activos, señalando que Castilla-La Mancha cuenta con 25 figuras de calidad vínicas. En su intervención, puso el acento en el impacto económico del sector, aludiendo a cifras de exportación y a distintas líneas de apoyo y ayudas destinadas a fortalecer el tejido agroalimentario y vitivinícola. Con una idea final que se repitió en distintas voces: los vinos de la región no tienen nada que envidiar a los de otras zonas.

El cierre llegó con el alcalde de Tomelloso, Javier Navarro, que expresó la satisfacción del Ayuntamiento por volver a ser sede del salón y por acoger una cita que, a su juicio, permite hacer una “radiografía” del momento del vino en Castilla-La Mancha. Subrayó que en el evento participaron 62 cooperativas o bodegas y que estuvieron representadas 16 denominaciones de origen, un mapa amplio de estilos y procedencias que sirvió para demostrar que la región es mucho más que volumen.

Navarro no ocultó la preocupación por el contexto internacional con el que arrancó 2026, pero reivindicó que, incluso en tiempos convulsos, Tomelloso y Castilla-La Mancha pueden presumir de vinos excelentes. Y fue más allá: con iniciativas como esta, dijo, se rompe el “mantra” del volumen y se empuja hacia la excelencia. El alcalde agradeció también la implicación de las administraciones y el apoyo de la Diputación, y remató con un compromiso: el Ayuntamiento seguirá respaldando futuras ediciones para que esta segunda cita sea, efectivamente, “la segunda de muchas”.

En conjunto, la segunda edición del Salón y Galería de los “100 Vinos Imprescindibles de Castilla-La Mancha” dejó un mensaje fácil de entender y difícil de discutir: hay cantidad, sí, pero también hay calidad, diversidad, innovación y una ambición creciente por conquistar mercados exigentes. Y, una vez más, Tomelloso fue el lugar donde ese discurso se puso en pie, copa en mano, con nombres propios y con vino del que se recuerda.

Porque aquí no se vino a “probar por probar”: se vino a defender una región, a enseñar músculo y, sobre todo, a demostrar que el vino manchego también sabe hablar el idioma del prestigio.

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