En un emotivo acto celebrado en el salón de plenos del Ayuntamiento de Tomelloso, se conmemoró el Día contra el Cáncer con un mensaje lleno de gratitud, admiración y, sobre todo, unidad. El acto destacó la importancia de reconocer el valor tanto de los pacientes como de los cuidadores que, día a día, enfrentan la complejidad de esta enfermedad.
El alcalde, Javier Navarro, expresó su profunda admiración por el coraje y la fortaleza de quienes luchan contra el cáncer, señalando que “entender lo que significa el cáncer para cada persona que lo ha vivido es casi imposible”. Afirmó que, aunque la experiencia de cada afectado es única, el objetivo de hoy era hacer visible la importancia de seguir trabajando para que los pacientes reciban la atención y el cuidado que merecen.
El manifiesto de este año, leído por el alcalde durante el acto, subraya la necesidad de tratar a cada persona con cáncer de manera individualizada.
«No podemos tratar igual a una persona con cáncer terminal que a un niño, ni a alguien que está comenzando su tratamiento», explicó en sus primeras palabras la presidenta de la AECC en Tomelloso, Mar Morcillo. «Este mensaje es crucial para comprender que cada vida es diferente y cada tratamiento debe ser único», afirmó.
En sus palabras, también hizo hincapié en la importancia de cuidar al cuidador, mencionando que muchas veces este es un “héroe olvidado”. En su intervención, destacó: “El cuidador es tan importante como el paciente, porque si el cuidador cae, el paciente no tiene a dónde recurrir”. Recordó que el cáncer no solo afecta a quienes lo sufren directamente, sino a sus familias y amigos, quienes se convierten en los pilares esenciales durante el tratamiento.
Además, estacó que el apoyo a los cuidadores no solo debe ser emocional, sino también práctico. «El cuidador también tiene derecho a descansar y cuidar de sí mismo», agregó Morcillo. La jornada culminó con un recordatorio de que, aunque el paciente sea el foco, la familia y los amigos juegan un papel fundamental en este camino.
El evento fue un éxito, logrando una gran participación por parte de la comunidad, lo que permitió que el mensaje de unidad, apoyo y visibilidad llegara a muchos más. Como señaló el Morcillo al final de su intervención: “Con que una sola persona cambie su comportamiento hacia el paciente o hacia el cuidador, este acto habrá valido la pena”.
Este acto no solo sirvió para recordar la importancia de luchar contra el cáncer, sino también para mostrar que la solidaridad y el compromiso de toda la comunidad son esenciales para que esta lucha se haga más llevadera.
Manifiesto íntegro:
Ese día amaneció como cualquier otro, la agenda de la jornada estaba llena de actividades, el calendario apuntaba planes para las próximas semanas y meses, la familia requería la atención con diversas necesidades y en la cabeza había varias responsabilidades laborales. Pero, entonces, sin pedir permiso, todo se frenó. Todo cambió. Las prioridades se dieron la vuelta por un puñado de palabras. Unas palabras que han escuchado hoy cerca de 800 personas en nuestro país, que han recibido un diagnóstico de un cáncer. Escuchar esas palabras no estaba en las previsiones de estas personas, no deseaban escucharlas, no contaban con esta circunstancia y, sin embargo, les ha cambiado la vida.
A partir de ese momento el tiempo se medirá y se vivirá de otra manera, se contará de forma diferente. A partir de ese puñado de palabras los planes en la agenda serán otros, tendrán otra importancia, también otro valor y se incluirán otro tipo de citas.
No se les olvidará lo que tenían previsto hacer aquella mañana cuando escucharon la palabra cáncer, con qué idea fueron a la consulta, qué les pasó por la cabeza cuando oían lo que no querían… No se olvidarán casi de ningún detalle porque a partir de ahí los sabores de la vida se degustarán de forma diferente, las lágrimas quizá asomen más a menudo, vivirán momentos duros, se adaptarán como puedan a las nuevas circunstancias, tendrán miedos y cambiarán muchas cosas en sus vidas.
Después de levantarse de aquella silla, tras un diagnóstico, que a veces cuesta comprender, vienen situaciones como la negación, la incomprensión, el miedo o la incertidumbre. El cáncer suele implicar procesos prolongados, decisiones complejas y un impacto que trasciende lo estrictamente biomédico, afectando a la vida personal, familiar, social y laboral. La incertidumbre, el desgaste emocional y la necesidad de apoyos múltiples forman parte de estas trayectorias. Por este motivo, los pacientes y familiares reclaman una atención oncológica más humana e integral.
Para hablar de humanización es importante entender que el cáncer, para cada paciente, y su entorno, es único, es su tumor, y se traduce en unas necesidades concretas.
Es importante entender que el cáncer tiene consecuencias e implicaciones en la salud, pero también en aspectos sociales, familiares, laborales, económicos, emocionales y que cada paciente necesita personalizar también la atención a cada una de esas necesidades. Humanizar la atención implica situar a la persona en el centro del sistema, no solo desde una perspectiva relacional o ética, sino también como un elemento con impacto directo en la salud, en los resultados clínicos y en la experiencia del proceso asistencial. Escuchar la voz del paciente debe ser una prioridad para, en primer lugar, entender y comprender, pero, también, para acompañar y adaptar la atención a las necesidades de cada paciente y su entorno.
La atención integral al paciente, la participación y autonomía de las personas con cáncer, generar nuevos espacios asistenciales y fomentar el bienestar y la formación de los profesionales sanitarios deben ser los ejes de actuación y desarrollo de un nuevo modelo de atención más humana e integral.
- Contribuyamos a integrar el bienestar psicológico y social como un derecho estructural, inseparable del cuidado clínico a lo largo de todo el proceso asistencial, desde el diagnostico hasta la supervivencia o los cuidados al final de la vida.
- Contribuyamos a garantizar el derecho de cada persona a comprender su situación, tomar decisiones informadas sobre su salud y participar en el sistema que la atiende
- Contribuyamos a mejorar todos aquellos elementos que determinan profundamente la experiencia de las personas, los tiempos, los circuitos, la burocracia, la intimidad o los espacios asistenciales.
Una atención integral y más humana supone escuchar a quien mejor conoce el cáncer, es decir, las personas con cáncer y su entorno. Ellos lo enfrentan, ellos conviven con la enfermedad. Escuchar al paciente, pero también, saber explicar para que la persona con cáncer entienda su situación en cada momento y pueda tomar decisiones de forma conjunta con los profesionales. Humanizar también es apoyar a quienes cuidan, cuidar a los cuidadores, porque su bienestar es también el bienestar de la persona con cáncer.
Este 4 de febrero, Día Mundial Contra el Cáncer, es una oportunidad para poner en valor la escucha con el fin de adaptar la atención a cada persona con cáncer y sus necesidades. Para alcanzar un compromiso común para que se escuche la voz de cada paciente.
Este 4 de febrero es una oportunidad para aminorar los obstáculos que los pacientes encuentran en su proceso contra el cáncer a través de una red compacta y personalizada de atención, apoyo y más servicios a pacientes y familiares que respondan a sus necesidades.
Este 4 de febrero es una oportunidad para mejorar los entornos asistenciales de los pacientes.
Este 4 de febrero es una oportunidad para alcanzar el compromiso de todos, por una atención integral y más humana frente al mayor reto sociosanitario que tenemos como sociedad: el cáncer.















