Buena parte de la historia de Tomelloso no se encuentra a simple vista. Está varios metros bajo sus calles, viviendas y antiguos espacios vinculados a la elaboración del vino. Las cuevas excavadas durante generaciones vuelven ahora al primer plano con un reto diferente al que tuvieron en su origen: conocer con precisión dónde están, en qué condiciones se encuentran y qué herramientas pueden utilizarse para garantizar su conservación.
Ese fue uno de los principales asuntos abordados en el XIII Café [con²] Ciencia, celebrado este sábado en el Casino de Tomelloso, donde el patrimonio local se analizó desde una doble perspectiva: la histórica y cultural, pero también la técnica. La jornada reunió a investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, representantes municipales, miembros de la Asociación de Amigos de las Cuevas, propietarios y personas que llevan años trabajando en el conocimiento de estas construcciones.
El presidente del Casino, Pedro José Benito, fue el encargado de abrir el encuentro y agradecer la asistencia del público antes de dar paso a las distintas intervenciones.
Entre los asistentes se encontraban representantes del equipo de Gobierno municipal, entre ellos Eloísa Perales y Benjamín de Sebastián, además de otros miembros de la Corporación. También estuvieron en el acto representantes socialistas como Francisco José Barato, Isabel López, Amadeo Treviño y Nazareth Rodrigo.
Conocer primero para poder conservar
Una de las ideas que recorrió la jornada fue la dificultad de proteger adecuadamente un patrimonio cuya dimensión real todavía necesita seguir siendo documentada.
Eloísa Perales repasó el camino desarrollado en los últimos años para avanzar en el conocimiento de las cuevas y puso en valor tanto su importancia para Tomelloso como el trabajo realizado junto a la Universidad.
La experiencia acumulada en determinadas zonas del casco urbano ha demostrado que estas cavidades no pueden abordarse únicamente desde su interés turístico. Su relación con viviendas, calles y terrenos obliga también a prestar especial atención a cuestiones de estabilidad y seguridad.
En este ámbito cobran especial relevancia las actuaciones realizadas en las denominadas cuevas-arenero, cuya situación ha requerido estudios específicos. Para continuar trabajando sobre estos espacios existen distintas líneas de financiación, entre ellas una aportación de un millón de euros de la Diputación de Ciudad Real destinada a una segunda fase de estabilización de cavidades antrópicas urbanas, además de otra actuación presupuestada en 600.000 euros dentro del PAI Tomelloso Orígenes y Futuro para intervenir en cuevas-arenero de los barrios de San Antonio y La Esperanza.
El reto, sin embargo, va mucho más allá de resolver situaciones concretas. La intención es avanzar hacia un conocimiento más completo y ordenado del subsuelo tomellosero.
Las cuevas recuperan también su dimensión social y turística
El presidente de la Asociación de Amigos de las Cuevas de Tomelloso, Jesús Andújar, llevó la jornada hacia otra vertiente del patrimonio: la recuperación de estos espacios como parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Andújar repasó la trayectoria de la asociación, sus actividades de divulgación y las distintas iniciativas desarrolladas para conseguir que las cuevas sean mejor conocidas dentro y fuera de Tomelloso.
A lo largo de estos años se han organizado visitas, actividades culturales, acciones de promoción y colaboraciones con diferentes entidades. Actualmente existen 16 cuevas incluidas en recorridos visitables, lo que ha permitido acercar al público espacios que durante décadas permanecieron vinculados fundamentalmente al ámbito familiar y privado.
La dimensión histórica de este patrimonio es considerable. Tomelloso llegó a contar con alrededor de 2.200 cuevas, según las estimaciones manejadas en diferentes estudios, mientras que actualmente se calcula que permanecen unas 620.
La diferencia entre ambas cifras refleja la profunda transformación experimentada por la ciudad y también la necesidad de conservar toda la información posible sobre aquellas construcciones que todavía existen.
La UCLM abre la puerta a una radiografía más completa del subsuelo
La vertiente científica de la jornada estuvo protagonizada por Juan Alonso Aperte y José Antonio Aguado Benito, investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, que explicaron mediante documentación técnica y material gráfico los trabajos realizados hasta el momento.
Los estudios permiten analizar determinadas zonas del terreno, examinar cavidades y conocer mejor la relación existente entre los espacios subterráneos y las construcciones situadas sobre ellos.
Para ello pueden emplearse distintas herramientas de análisis y representación, desde técnicas aplicadas al estudio del terreno hasta sistemas de levantamiento capaces de generar información precisa sobre la geometría de las cavidades.
El siguiente paso pasa por reunir progresivamente toda esa información para construir una visión conjunta del patrimonio subterráneo de Tomelloso.
No se trataría únicamente de elaborar un listado de cuevas. El objetivo sería disponer de datos sobre su ubicación, dimensiones, características, estado y relación con el entorno urbano, acompañados, cuando sea posible, de documentación gráfica y modelos digitales.
La digitalización permitiría además conservar el conocimiento sobre determinados espacios incluso si en el futuro sufren transformaciones o dejan de ser accesibles.
De esta forma, Tomelloso podría avanzar hacia una cartografía cada vez más completa de su subsuelo, con utilidad patrimonial, científica y administrativa y capaz de servir también de apoyo ante futuras actuaciones.
El conocimiento acumulado durante años puede ser el punto de partida
Durante el turno abierto al público intervino Ángel Bernao, quien recordó que el interés por dar a conocer las cuevas de una forma más amplia comenzó a cobrar especial impulso a finales de los años noventa.
Bernao situó en 1999 uno de los momentos relevantes de ese proceso de apertura y divulgación y recordó el trabajo desarrollado posteriormente para localizar y conocer un número cada vez mayor de cavidades.
A lo largo de los años se han elaborado distintos inventarios y estudios que han permitido reunir información sobre más de 600 cuevas, una cifra que no representa necesariamente la totalidad del patrimonio existente, pero que proporciona una base documental de enorme interés.
Durante su intervención defendió precisamente la utilidad de aprovechar toda esa información previa para facilitar futuras investigaciones y avanzar hacia un conocimiento más completo de lo que permanece bajo la ciudad.
El debate permitió diferenciar también entre las cuevas que continúan existiendo, aquellas que han podido estudiarse, las que mantienen acceso y las que pueden incorporarse a recorridos turísticos.
Por su parte, Ángel Vela insistió en la conveniencia de que el Ayuntamiento continúe respaldando la conservación de estos espacios y favorezca su puesta en valor como recurso cultural y turístico.
Un patrimonio privado que necesita colaboración
Uno de los aspectos que condicionan cualquier proyecto de estas características es que muchas de las cuevas se encuentran bajo propiedades particulares.
La elaboración de un inventario verdaderamente amplio requerirá, por tanto, la colaboración de los propietarios, que poseen buena parte de la información y el acceso a cavidades que no pueden conocerse desde el espacio público.
El desafío consiste en unir distintas piezas que hasta ahora han avanzado de forma paralela: los trabajos realizados por investigadores, los estudios históricos, el conocimiento de los propietarios, las actuaciones municipales y la labor divulgativa de asociaciones y colectivos.
Si esa información consigue reunirse y organizarse mediante herramientas actuales de cartografía y digitalización, Tomelloso podría disponer por primera vez de una visión mucho más completa de su patrimonio subterráneo.
La jornada celebrada en el Casino dejó precisamente esa idea sobre la mesa. Las cuevas ya no representan únicamente un recuerdo de la economía vitivinícola que impulsó durante generaciones el crecimiento de Tomelloso. Constituyen también un patrimonio que exige investigación, conservación y planificación.
Después de décadas dedicadas a localizarlas, abrir algunas de ellas al público y reivindicar su valor histórico, el siguiente desafío consiste en conseguir que toda esa información dispersa pueda formar parte de un mismo mapa.













