La ciudad de Alcázar de San Juan recibió este sábado una visita tan singular como conmovedora. Veinte vecinos de Piera, una localidad de L’Anoia barcelonesa, hicieron el camino hasta la Mancha para cerrar un círculo que empezó hace tres décadas en un aula de la escuela Herois del Bruc.
Allí, guiados por su profesor Manuel Lopo, los alumnos emprendieron un proyecto sin precedentes: copiar a mano, página a página, la primera parte del Quijote de Cervantes. Diez años de trabajo —de 1995 a 2005— y 700 páginas después, tenían entre sus manos el Quijote manuscrito más grande del mundo: 226 centímetros de alto, 105 de ancho y 11 de grosor.
Aquella obra colosal fue cedida al Museo Cervantino de El Toboso (Toledo), donde hoy se conserva y puede contemplarse. Pero la historia tenía un capítulo pendiente. Muchos de aquellos niños son ahora padres, y quisieron volver. No solo para ver de nuevo el libro que sus propias manos escribieron, sino para poder decirles algún día a sus hijos: «Yo colaboré en esto», a este respecto, los antiguos alumnos explicaron durante la visita, visiblemente emocionados: «Queremos contar a nuestros hijos que nosotros colaboramos en esta magna obra». Para muchos, ha sido la primera vez que han vuelto a ver físicamente el manuscrito desde que lo terminaron hace casi dos décadas.
El grupo, formado por el impulsor del proyecto, Manuel Lopo, junto a algunos de los estudiantes que participaron en la escritura del colosal manuscrito, así como familiares y acompañantes; ha recorrido los rincones cervantinos de Alcázar de San Juan de la mano de la Sociedad Cervantina de Alcázar (con Alonso M. Cobo, Enrique Lubián, Manuel Castellanos y Constantino López como anfitriones), el objetivo: conocer de primera mano la profunda relación de esta ciudad manchega con Miguel de Cervantes y su inmortal obra.
Manuel Lopo, el docente que en su día sembró en sus alumnos la semilla de aquella aventura literaria, encabezó también esta vuelta a las raíces del Quijote. El viaje ha sido un reencuentro con la obra, con la memoria escolar y con ese tipo de proyectos educativos que dejan huella para toda la vida.
Alcázar de San Juan es una de las poblaciones que se reivindica como cuna del escritor, y guarda una rica tradición cervantina que los visitantes pudieron descubrir de la mano de quienes mejor la conocen.
La Sociedad Cervantina de Alcázar, conocida por su labor de difusión del legado de Cervantes y el Quijote, preparó una ruta guiada que incluyó los puntos más emblemáticos vinculados al autor y su tiempo, así como una charla sobre la presencia de Cervantes en la memoria histórica de Alcázar de San Juan.
Desde la organización destacaron «el valor humano y cultural de esta iniciativa», subrayando que «el Quijote no solo se lee, también se escribe, y estos vecinos de Piera lo escribieron con mayúsculas, y con mayúsculas también de tamaño».
La visita concluyó con un acto simbólico de recuerdo y agradecimiento, en el que los visitantes prometieron seguir difundiendo la historia de su Quijote gigante, convencidos de que, como dijo Cervantes: «la pluma es lengua del alma» (Q II, 16).
Los cervantistas alcazareños han hecho todo lo posible porque los visitantes catalanes se hayan llevado una magnífica impresión de la «Comarca Quijote», y también de la tradición cervantina de Alcázar de San Juan, junto con su patrimonio cultural y su rica gastronomía.
«Aquel libro tenía 700 páginas y 10 años de trabajo. Ahora queremos que nuestros hijos sepan que pusimos nuestra letra en él».
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan











