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Fuentenovilla alza a pulso un mayo de 23 metros y más de 2000 kilos

El pueblo volvió a unirse ayer para plantar, sin maquinaria y con la sola ayuda de sogas y cabrillas, un monumental chopo -superaba en altura a la torre del campanario de la iglesia- cortado este año en el paraje de San Blas.

El pueblo de Fuentenovilla volvió a demostrar ayer el amor por sus tradiciones. Vecinos de todas las edades se unieron para levantar, a mano como se ha hecho siempre, un mayo de 23 metros de altura y más de 2000 kilos de peso, cortado este año en el paraje de San Blas.

Los mozos llegaron al corralón, situado a espaldas de la Iglesia de la Asunción, al filo de las ocho de la tarde. Los más viejos del lugar recuerdan cómo, antiguamente, también el transporte se hacía a mano, con el esfuerzo añadido que suponía. Una vez allí, mientras una luna casi llena coqueteaba con la silueta de la Iglesia, atravesada por los aviones a punto ya de aterrizar en Madrid, comenzaba el complejo proceso de izado del palo, con la sola ayuda de la fuerza de los brazos, sogas y las tradicionales cabrillas, armatostes móviles de chopo que van haciendo cuña hasta conseguir que el mayo quede erguido.

Bajo la dirección de José Luis Rivas, a quien el pueblo escucha con respeto en cada indicación y cuya voz sobresale por encima de las del resto, el pueblo logró completar la hazaña en poco más de una hora. “Desde el primer momento vi que era un mayo muy difícil. Hay que tener muchísimo cuidado, porque hablamos de muchos kilos y cualquier error puede ser peligroso”, explicaba una vez concluía la hazaña. Su experiencia fue clave para mantener el equilibrio en cada fase. “No es cuestión de fuerza, sino de saber colocar las cabrillas y mantenerlas equilibradas. Si una falla, el mayo se viene abajo”, añadía. El “director de la orquesta”, como dicen en Fuentenovilla, destacaba la importancia de la coordinación. “Hay que ir avanzando poco a poco, sujetando con una cabrilla, mientras la otra empuja. Es un trabajo de precisión”. A pesar de las dificultades,  el resultado fue impecable y el mayo quedó finalmente erguido sobre el cielo de Fuentenovilla, como símbolo visible del esfuerzo compartido.

La tradición tuvo como protagonistas a los quintos, los jóvenes que cumplen la mayoría de edad durante el año, y desde hace tiempo también a las mozas. Este año han sido nueve Lucas Rivas, Alberto Piña, Gonzalo Gutiérrez, Gonzalo Barcelon, Yaiza Blanco, Lucía Mateo, Ainara Ayala, Esteban Peñalva y Álvaro García. Ellos prepararon la limonada con la que se invita y refresca a quienes participan en la corta, el transporte y la plantación del mayo.

Lucas Rivas, uno de los quintos -los fuentenovilleros que cumplen este año su mayoría de edad-, resumía la emoción de la jornada. “Llevamos, los 18 añitos que tenemos cada uno, esperando este día. Lo hemos cogido con unas ganas alucinantes. Nos ha costado un poco subir el chopo, pero al final lo hemos conseguido”. Para él, lo que distingue a Fuentenovilla es que la tradición se mantiene inalterada. “Muchos pueblos ponen el mayo, pero con tractor o con pluma. Aquí se hace a la antigua, con las cabrillas. Es cien por cien a mano, que es lo bueno”, destacaba.

La fiesta continuó a las doce de la noche, cuando Fuentenovilla volvió a reunirse a la puerta de la Iglesia de la Asunción para cantar el mayo a la Virgen. Allí sonaron versos tradicionales, en honor a la Virgen, como “Azucena esclarecida, sol divino resplandor, madre del supremo autor, celestial Virgen María”.

Después, los quintos acudieron a casa de la alcaldesa, Montse Rivas, para pedirle su permiso para iniciar la ronda por el pueblo. Como marca la costumbre, la alcaldesa invitó a bollos y moscatel a todos los presentes. El primer mayo de la ronda se cantó en su casa, a su hija, Gloria, y, a partir de ahí, comenzó el recorrido por las casas de las mozas solteras de Fuentenovilla, con coplas como “Viene tu galán prometiendo mayo con verdes pimpollos, blancos y encarnados”.

La ronda se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Casa por casa, los fuentenovilleros mantuvieron vivos unos sones que forman parte de la memoria sentimental del municipio y que cada generación recibe de la anterior.

Esta mañana, 1 de mayo, los quintos han salido de nuevo por el pueblo para cobrar el mayo. Cada vecino ofrece la voluntad y, con ese dinero, la mocedad organiza una comida en la que la juventud invita a familiares y a quienes han colaborado en la fiesta o han participado cantando durante la noche.

La alcaldesa de Fuentenovilla, Montse Rivas, destacó “la emoción de ver a todo un pueblo unido en torno a una tradición que nos identifica y que seguimos cuidando generación tras generación”. Rivas subrayó además “el esfuerzo de los quintos, de los músicos y de todos los vecinos que hacen posible que el mayo siga siendo una de las grandes señas de identidad de Fuentenovilla”.

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