Algo pasó no hace tanto: un cantante exiliado, otro encarcelado, otro desterrado de su barrio. Valtonyc, Pablo Hasél, Morad. Tres casos distintos que Albert Pla convierte en el punto de partida de El Mortadela, un nuevo adelanto del esperado álbum que verá la luz en otoño.
‘Exiliado’, ‘encarcelado’, ‘desterrado’. Tres palabras a partir de las que el artista imaginó la historia de un cantante sentenciado por el poder que, en lugar de esperar la condena o confiar en la solidaridad de quienes le rodean, decide cambiar la guitarra por una metralleta. Dejar la poesía y responder con armas a quienes quieren dinamitarlo. Una idea incómoda que Pla utiliza para volver a colocar al oyente frente a preguntas que rara vez tienen respuestas sencillas.
Con la mezcla de humor negro, crítica política y teatralidad que caracteriza su imaginario, El Mortadela vuelve a situar al artista en ese espacio donde la canción funciona como herramienta para incomodar, provocar y abrir preguntas más que para ofrecer respuestas cerradas. Una forma de narrar que convierte situaciones absurdas, extremas o directamente delirantes en algo inquietantemente cercano. ‘Que nadie se escandalice. Sé que estos delirios no se van a cumplir’, ironiza antes de recordar que, mientras tanto, la violencia real sigue ocurriendo cada día en algún lugar del mundo.
Compuesta por Albert Pla y Judit Farrés y producida por esta última, la canción nace también del encuentro entre ambos artistas y de unas músicas que Farrés hizo llegar casi por casualidad. A partir de ellas comenzó a construirse una historia donde la violencia, el miedo, la rabia y la sátira terminan conviviendo dentro de una misma narración. Con El Mortadela, el catalán vuelve a demostrar su capacidad para moverse en los márgenes de lo aceptable sin perder nunca de vista el componente profundamente humano que atraviesa sus canciones. Porque, como él mismo recuerda al final del tema: ‘Esto solo es una canción. Tengo muchas otras.’











