Tomelloso arropa a La Borriquilla en una jornada de Domingo de Pasión marcada por la fe y la solidaridad

La Hermandad de la Entrada de Jesús en Jerusalén culminó su traslado solidario con 341 kilos de alimentos para Cáritas Interparroquial de Tomelloso

Tomelloso vivió en la mañana de este pasado 22 de marzo, conocido tradicionalmente como Domingo de Pasión, una de esas escenas que anuncian, con emoción serena y verdad cofrade, la inminencia de la Semana Santa. La Hermandad de la Entrada de Jesús en Jerusalén, conocida popularmente como La Borriquilla, llevó a cabo la mudá del paso del Señor de la Entrada desde la nave guardapasos hasta el Templo de la Asunción de Nuestra Señora, en la antesala de un nuevo Domingo de Ramos.

La jornada dejó una imagen sobria, bella y profundamente significativa para la vida de hermandad. No fue solo un traslado. Fue también la confirmación de una tradición que, año tras año, sigue reuniendo a hermanos, fieles y vecinos en torno a una misma devoción. La mañana transcurrió entre el recogimiento, el esfuerzo compartido y ese sentimiento tan propio de los días grandes que empiezan a asomarse en el calendario cofrade.

Como es costumbre dentro de la corporación, la mudá volvió a convertirse además en una ocasión para mirar a quienes más lo necesitan. Aprovechando el traslado, la hermandad desarrolló su tradicional recogida solidaria de alimentos no perecederos a beneficio de Cáritas Interparroquial de Tomelloso, una iniciativa que volvió a encontrar la respuesta generosa del pueblo.

El resultado de esa colaboración fue especialmente elocuente: se recogieron 341 kilos de alimentos, una cifra que volvió a demostrar el compromiso solidario de Tomelloso y la sensibilidad de tantas personas que quisieron sumarse a esta obra social. La respuesta ciudadana dio aún más sentido a una mañana en la que la fe caminó de la mano de la caridad.

La hermandad agradeció de manera expresa a todas las personas que colaboraron y que hicieron posible, un año más, el cumplimiento de esta labor en favor de los más necesitados. Un agradecimiento sincero que puso en valor cada gesto, cada aportación y cada muestra de cercanía recibida a lo largo de la jornada.

Asimismo, la corporación felicitó a sus costaleros y costaleras, así como al cuerpo de capataces, por el trabajo desarrollado durante el traslado. Sobre sus hombros descansó no solo el esfuerzo propio de la mudá, sino también la responsabilidad de sostener con seriedad, sensibilidad y entrega una de las citas más simbólicas de los días previos al Domingo de Ramos.

La jornada quedó además envuelta en el eco de unas palabras cargadas de sentido: “El que guarda los preceptos se guarda a sí mismo, el que descuida su propia conducta morirá. El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él le devolverá el bien que hizo”. Una cita que resumió con acierto el espíritu de lo vivido: una hermandad fiel a su tradición, un pueblo volcado y una mañana en la que la devoción volvió a encontrar en la solidaridad su expresión más hermosa.

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